Lapidarium

La pobreza tiene nombre. Para mí, hoy, se llama Carlos

Jueves, 7 de junio de 2012. Empiezo la mañana escuchando la radio. Hablan de la pobreza. No de los mendigos de toda la vida, esos que “no vemos” cubiertos de cartones en los cajeros automáticos, con viejísimos carritos de la compra en los que transportan todas sus posesiones. Hablan de los nuevos pobres, de todas esas personas que en España han sucumbido a las garras de la crisis, de todos esos extrabajadores que han pasado a formar parte de las espeluznantes tasas de paro que están arruinando a la sociedad de nuestro país.

PIDO

Ya no se trata de no llegar a fin de mes: la situación actual ha derivado en un número cada vez mayor de personas que no tienen dinero para comprar comida. ¡COMIDA! Hablamos de cifras que rondan los trece millones de personas. ¡TRECE MILLONES! Hablamos de personas que tienen que acudir a organismos no gubernamentales para mendigar comida, hablamos de personas que buscan algo que llevarse a la boca en los containers a los que tiramos nuestros deshechos, hablamos de personas que han dado de baja su suministro de gas porque no tienen dinero para poder pagarlo ―con lo que eso conlleva―, hablamos de personas que han quedado excluidas por culpa de la perversión de la burocracia estatal, autonómica, municipal. HABLAMOS DE PERSONAS.

Sigamos leyendo en esas cifras, porque en ellas están incluidos los niños: un 26,2% de ellos viven por debajo del umbral de la pobreza ―según datos del reciente informe de UNICEF La pobreza en España 2012-2013―. Eso significa que más de uno de cada cuatro niños es pobre. ¡UNO DE CADA CUATRO! La situación en la que se ha visto sumido su hogar también, por supuesto, les afecta a ellos directamente. Ya no solamente a la hora de que sus padres puedan o no pagar «el comedor escolar, los libros de texto, las actividades extraescolares, las gafas o el dentista». Lo verdaderamente trágico, lo realmente estremecedor, es que «muchos de esos niños no pueden tomar proteínas tres veces a la semana»: ya no un filete de carne, ni tan solo un trozo de pollo o de embutido, la proteína más barata del mercado. Y lo más deplorable es que eso se da siendo ellos, dentro de esta situación, los más beneficiados ―cualquiera que sea padre o madre entenderá a lo que se refiere ese beneficio: por poco que haya ellos reciben lo mejor de entre la nimiedad―.

Graffiti, pobreza infantil

La realidad de estos niños, sobrevenida por la situación de sus familias, les excluye, les priva desde pequeños de una serie de necesidades que son básicas como es una escolarización completa, una alimentación básica, un entorno familiar adecuado, una sanidad elemental. Y esto es una cadena, un balón de plomo en caída libre por una pendiente que parece no tener terraplén de frenada: muchos de esos niños se ven afectados por el fracaso escolar. Su entorno más próximo ―su familia, su hogar― está sumido en el fracaso económico, que los más pequeños «proyectan a su propio ámbito». Su rendimiento escolar baja en un porcentaje alto, lo que no significa que sean malos estudiantes, que no sean capaces. Lo que sí significa es que esos malos resultados que obtienen inciden directamente en el éxito de su futuro universitario, ya que ―tal como se están poniendo las cosas en educación― ese futuro se ve directamente comprometido: la obtención de becas, ahora, también está directamente relacionada con los resultados académicos.

Y ahí es donde esa bola de plomo entra en uno de sus giros más pérfidos, en la que es una de las raíces de otro de los problemas que genera la pobreza: la creación de empleo precario, que en los últimos años se está convirtiendo en estructural. Evidentemente, la falta de educación reduce sus oportunidades de una forma exponencial. Y el ejemplo que se les da desde muchas instituciones es, además, nefasto: cuanto más se ensalza la necesidad de formación ―la cual defiendo ferozmente― más crece el número de jóvenes parados con estudios superiores (esos que le quitan el sueño a nuestro rey); la creación de empleo ―en gran medida precario― alcanza puntas ―cada vez más insuficientes― en momentos estacionales: es el maquillaje de la falacia. El modelo es nefasto; representantes sociales, ya sean judiciales, políticos, empresarios, futbolistas, banqueros, etcétera roban y mienten y sin embargo sus actos de mierda no tienen repercusión alguna. ¿Qué patrones de conducta queremos que sean la base de nuestra sociedad, cuando nuestros gobernantes legalizan a delincuentes, terroristas y traficantes de todo pelaje (drogas, armas, trata de blancas, pornografía infantil y otras actividades) a través de su adorada amnistía fiscal? ¿Qué esfuerzo se puede exigir a la juventud de un país cuando la única ayuda efectiva que se da desde las administraciones va a parar íntegramente a banqueros que nadan en la abundancia pero que son unos pésimos gestores que han hundido sus empresas, compañías que subsistían y se abastecían de NUESTRO dinero?

Diferencias entre ricos y pobres

La educación es básica para que las personas tengan criterio, elementos de juicio, ya lo he dicho varias veces y no me cansaré de repetirlo. Sin ella es imposible tender a la realización plena de las personas; una educación básica implica, o debería hacerlo, un empleo digno. Estamos entrando en un círculo vicioso que se rige por el “sobrevivir a base de hacer chapuzas”, de “coger lo que salga”. Ese modelo no genera ningún tipo de seguridad, ni a la persona ni a los que dependen de ella, a los que están en su entorno más próximo, ya sean parejas, hijos, padres, familiares a su cuidado… Vivir con una espada de Damocles pendiendo sobre las cabezas genera angustia, y no solo por esa situación de trabajos chapuzas sino también por las fascistas condiciones que recoge la nueva Reforma Laboral. Trabajo precario solo genera paro estructural, un paro que ya afecta a muchos, a demasiados. ¿Que cómo ha aparecido ese trabajo precario? No es nuevo, es un problema que traemos arrastrado; en la crisis de los 90, la anterior gran crisis que muchos recordamos, el paro afectó a los trabajos secundarios, a esos que ayudaban en los hogares a complementar pero que no eran básicos. Eran los trabajos que desempeñaban uno o varios hijos, y que contribuían a mejorar la calidad de vida de la unidad familiar. A la salida de esa crisis se crearon muchos de esos empleos precarios, destrozando el equilibrio económico de las economías familiares. Empleos, en la mayoría de ocasiones, sustentados por la burbuja inmobiliaria. Muchos de esos empleos son los que hoy han llevado a la ruina a sus otrora beneficiarios. Muchos de esos empleos son los trabajos primarios de hoy, los que desempeñan el o los cabezas de las familias, que son los que deberían dar estabilidad a las economías familiares, a los hogares.

Al principio del post os hablaba del programa de radio que escuchaba esta mañana, el que me ha llevado ha escribir todo esto que estáis leyendo. La transmisión ha sido a las nueve de la mañana en Radio Nacional, dentro del programa “En días como hoy”, y han dedicado una hora a analizar «la nueva cara de la pobreza en España con la ayuda del responsable de estudios de Cáritas-España, Francisco Lorenzo; el coordinador general de Cruz Roja, Antonio Bruel, y la directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de UNICEF, Marta Arias». La tertulia suscitada ha sido realmente interesante, además de muy dura. Sobre todo por los testimonios que se han emitido tanto al principio como al final de la misma. Y ha sido uno de esos testimonios el que me han noqueado completamente, el de un oyente: Carlos.

Necesito vuestra ayuda, foto del diariodenavarra.com

Carlos es un emigrante gallego que lleva ya varios años viviendo en Gipuzkoa. Desde hace por lo menos dos está instalado en Hondarribia, Fuenterrabía como él mismo repetía al explicar su situación. Ha contado a todos los que hemos podido escucharle que es un exautónomo de la construcción; que ganaba bien, que incluso daba trabajo. Pero en 2008 la crisis le regaló el prefijo ex. No solo de su trabajo, también de su pareja. Cambió su casa por su furgoneta, en la que sobrevivió durante dos años haciendo esas chapuzas de las que antes hablaba. Hace algo menos de dos años, en 2010, un vecino de Hondarribia le habló de una borda abandonada en el monte, una casucha en tierra de nadie y sin señales de propietario conocido, una choza comida por las zarzas, sin puertas ni ventanas, por supuesto sin agua ni suministros. Carlos la adecentó haciéndola más o menos habitable y allí lleva instalado desde entonces.

Una vez al mes se acerca al pueblo con un carrito ―la furgoneta también desapareció― y va a Cáritas a buscar comida. Con lo que le dan allí le llega para poco más de una semana, «será que no me toca más, o que ellos no tienen para más», y lo complementa con lo que encuentra por las basuras y con lo que pilla por ahí. En los servicios sociales de Fuenterrabía le dicen que no pueden ayudarle porque no está empadronado en el municipio, y el ayuntamiento se niegan a empadronarle porque le dicen que donde está viviendo no es habitable. «¿Y qué quieren que haga yo, si es que no me queda nada más?». ¿Y qué más puede hacer para escapar de los sinsentidos administrativos, de la perversión burocrática que le excluye de un sistema creado para personas pero que está tan podrido que expulsa a las personas cuando más ayuda necesitan? «Al final te das cuenta que esto no funciona», decía con un tono de voz emocionado, resignado, pero por encima de todo triste, de una tristeza profunda y amarga. Es un nuevo pobre, otro más. Pero es una persona, sigue siendo una persona, y merece respeto y ayuda. Y dignidad. Porque la pobreza, sabéis, ataca con fiereza directamente la dignidad de las personas. Su dignidad y su autoestima.

Antes de colgar, Carlos le ha dicho a Juan Ramón Lucas, conductor del programa: «Tengo una historia para contar que es la hostia. El día que pueda ya la contaré en Internet». Espero que un día pueda hacerlo. Mientras tanto, lo hago yo por él explicándoos lo que él me ha contado a mí tan generosamente, con tanta humanidad.

 

Os dejo el link con el programa del que os hablo, el testimonio de Carlos empieza en el minuto 33:20: http://www.rtve.es/alacarta/audios/en-dias-como-hoy/dias-como-hoy-nueva-pobreza-espana-examen/1430287/

9 pensamientos en “La pobreza tiene nombre. Para mí, hoy, se llama Carlos

  1. El Fondo Monetario Internacional cataloga a las clases sociales, según esto.
    A fines del siglo XX lo tasaba en dólares de Estados Unidos, pero como el dolar se ha devaluado durante estos años, lo que corresponde es hacerlo en euros.
    Muchos creen ser de la clase media, pero en realidad, no lo son:
    1) Los que ganan de 0 a 100 euros por mes son indigentes, y aquí están los mendigos, los desocupados.
    2) Los que ganan de 100 a 500 euros por mes son miserables.
    3) Pobre es quien gana entre 500 a 2500 euros por mes.
    4) La clase media es la que gana 2500 euros por mes hasta 20.000 euros por mes.
    5) Los que ganan 20.000 euros por mes, para arriba, son ricos.

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  2. Me parecen acertados todos los comentarios, pero echo en falta un abandono de la lógica inmaterial del sistema en que vivimos que nos ayude a sacudirnos el inevitable pesimismo en favor de una lógica materialista que diga “esto necesitamos y podemos procurárnoslo”.Creo que con una lógica así, el agitado contexto histórico que habitamos sería más llevadero (ni menos duro, ni menos agitado).

    Por eso estoy porque rompamos en todos los ámbitos ese ciclo que tan bien describe Mónica y cuya vertiente sombria ilustra el caso de Carlos. Y eso se hace extendiendo las mencionadas redes familiares y formando redes sociales (y no, no hablo de internet, aunque se pueda usar para ello).

    Ya he empezado a moverme en algunas y, como la educación es fundamental para la construcción de las personas (que no, como se nos vende, para procurarnos un gris salario, aunque una persona bien formada sabrá salir adelante con más probabilidades) me estoy centrando más en proporcionarla libremente (al final del comentario dejo un link). La idea no es animar a nadie a que haga nada, sino aportar el punto de vista de que quizá necesitamos generar bienes y medios de vida al margen de ese sistema-estado que damos como verdad inamovible y en favor de las personas de existencia tangible que tan sistemáticamente negamos. Y para eso qué mejor que esas redes de familia extendida, que esas redes sociales. No somos pobres quienes podemos hacerlo todo.

    Espero haber aportado algo. En cualquier caso, gracias Moni por otra brillante inducción a la reflexión.

    Andrés

    https://n-1.cc/pg/groups/1358581/escoles-lliures-bcn-escuelas-libres-bcn/

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    • Andrés, gracias por leerme y gracias por tu comentario.

      La situación ha llegado a un límite tan precario que solo hay tiempo para ir apagando fuegos. La gran mayoría no tiene tiempo para tomarse un tiempo clamado de reflexión y de acción, sino solo de acción apresurada. Y eso es malo para lo que tú propones. Hay quien ya no dispone de redes familiares, quien solo puede echar mano de redes sociales formadas por ONG. Hay quien ya no dispone de recursos para proporcionarse lo que necesita de ninguna manera. Pero no debemos olvidarlo y dejar de tender hacia ello, por supuesto.

      Un abrazo, Andrés.

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  3. Espeluznante testimonio, compa Moni; uno de tantos, por desgracia. Aunque suelo escuchar el programa de Lucas (a rafagas, entre tarea y tarea), no escuché ese testimonio. Pero con lo que tú nos trasladas sobre él, ya tengo sobrada constancia de él. Y es muy revelador de lo que está pasando, y de lo que no está pasando. Están pasando casos como los de Carlos, muchos; y no están pasando muchísimos millones más gracias a un elemento fundamental (y que se ve que aquí ha fallado, por desgracia para ese hombre), que es el del soporte de la red familiar, que es el que está evitando que este país se convierta en un páramo y/o un polvorín. El día que se escriba la historia de ‘todo esto’ (yo, como él, tampoco voy a entrar en debates nominalistas…), habrá que reservar un párrafo bien gordo, y subrayado en fluorescente, para este tema. En fin…

    Un fuerte abrazo y buen día.

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    • Manuel, realmente su testimonio fue espeluznante (puedes oírlo en el link adjunto), como tantos otros que hace ya demasiados meses oigo explicar por personas que son como tú, como yo, como el 99%. Tienes toda la razón en cuanto al salvavidas que supone la red familiar, pero al ritmo que vamos esa red tiende a romperse más pronto que tarde. Y sí, ese párrafo deberá ser bien gordo. Lo que más me cabrea es que los nombres propios que aparecerán no serán ni Carlos ni tantos otros como él, sino los de los piratas sinvergüenzas que nos están llevando al desastre.

      Gracias, Manuel, por tus palabras. Un abrazo fuerte.

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  4. Advierto de entrada que voy a exageran un poco, pero no mucho, y
    seguramente mi escrito resultará desagradable, pero para decir las
    cosas de manera políticamente correcta sobran medios de información, y
    blogs libres como el de Moni Solanas no hay muchos. Intentaré ser breve
    y procuraré herir las sensibilidades de los sensibles lo menos posible.
    Ningún autocrítico se sentirá molesto, espero.

    De todos los problemas de los nuevos pobres, el más triste es el de los
    niños “nuevos pobres”.

    A ese niño nuevo pobre, el papá, que cobraba 3000€ al mes por su cara
    bonita, lo llevaba al chalet, le señalaba la tierra y le decía “esto es
    tuyo, no dejes que te lo quiten”, y el chico cogía la tierra y decía
    “mío, mío”. Parece un chiste de mal gusto, pero no lo es: es casi
    literalmente algo que escuché en un tren de cercanías. Otro papá de
    otro niño salíó, o lo sacaron, por la tele llorando mientras enseñaba
    el chalé para que lo viesen los espectadores. Una propiedad de nuevo
    rico, hortera, ostentosa. El hombre dijo: antes ganaba 3000€ y ahora no
    llego a los 800. Y yo pensé: ahora lloras, pero bien a gusto te debías
    reír antes con lo que ganabas y lo poco que trabajabas.

    Los niños pobres (no los nuevos), los hijos de inmigrantes, los hijos
    de trabajadores (¿todavía no han borrado esa palabra?) también están en
    crisis. Antes comían pan con chorizo y ahora deben comer pan con menos
    chorizo. No debe ser fácil. Mi papá me contaba que en la guerra comían
    pan moreno y una sardina para tres hermanos. Esos niños pobres saben
    quienes son porque sus papás no les han engañado. Les han dicho: no te
    podemos comprar un patinete porque no podemos comprar ni un bistec.

    El niño del papá nuevo pobre ya tiene el patinete y se lo pasa por las
    narices de los demás niños porque su papá es capitalista como Botín,
    solo que “un poco” menos. Eso se le han enseñado los papás, que
    efectivamente se creen que son capitalistas, y también se lo han
    enseñado los maestros del colegio de pago.

    Ahora resulta que el niño del patinete tiene un papá nuevo pobre, una
    nueva clase social que no tiene ni nombre, porque quien posee los
    nombres y los reparte es el poder cultural, todo ultraconservador. El
    papá empezó poniendo ladrillos uno encima de otro pero como era (y por
    supuesto se creía) más listo que los demás, compró un piso a su vecina
    de la izquierda sin tener dinero para comprarlo, se lo vendió a su
    vecino de la derecha, que tuvo que pedir un crédito, y se embolsó la
    plusvalía (otra palabra inexistente). Como vieron que era listillo y lo
    de rehubicar el dinero de los demás en el bolsillo de los otros era su
    deporte preferido, le sacaron la paleta de las manos y lo dedicaron al
    márqueting.

    Me diréis que hay 5 millones de parados y el caso que cuento no es el
    suyo. Vale. Los pobres saldrán de esta situación tan negra como siempre
    han salido, con lágrimas y con sudor, emigrando, trabajando muchas
    horas a un precio de miseria.

    El nuevo rico ha cambiado de la noche a mañana a nuevo pobre y eso es
    muy duro, sobretodo si el vecino sigue siendo nuevo rico y le pasea los
    gadgets y demás chorradas inútiles inventadas para dar prestigio social
    por delante de sus narices.

    Sigo con los niños. El niño al que se ha enseñado, o más bien
    adoctrinado, que es superior a los demás niños, jamás aceptará que es
    pobre. Lo aceptará socialmente pero no en su interior porque el
    sentirse superior es una característica sicológica (narcisismo) que se
    aprende a muy temprana edad. Los niños pobres que no pueden cenar,
    saben que no cenan porque son pobres y que hay que trabajar,
    esforzarse, estudiar (aunque no lo puedan expresar con esas palabras,
    los niños lo comprenden, como yo, que también fuí niño pobre lo
    comprendía).

    Pero… los niños ricos que ahora resulta que son nuevos pobres, han de
    sentir, supongo, que se les ha quitado algo que era suyo, por una
    especie de derecho divino. Son niños consumistas que han perdido la
    capacidad de consumir. El papá no puede ya gastarse 300€ en el
    telefonillo del hijo, y el patinete para ir al colegio zumbando por la
    acera está sucio y tiene los cojinetes gastados.

    Pues bien, de pronto los niños pertenecen a una de las dos clases (cosa
    inexistente, por supuesto), o son pobres o son ricos empobrecidos que
    jamás admitirán que son pobres.

    Ah, pero eso es lucha de clases y es una cosa que no existe. Por otra parte, si la lucha de clases existiese, sería otra historia.

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    • Paco, gracias por sentir que este blog es libre para dar tu opinión, porque es lo que pretende. No al estilo de un (único) comentario que no he publicado de todos los que me han ido llegando desde su primer día de vida (que alguien anónimo mande un ¡Que viva Franco! no merece ser publicado, la verdad), sino al estilo del tuyo, de tantos, que argumentan en mayor o menor medida aquello que dicen.

      Paco, gracias por tu comentario porque es un complemento perfecto a mi entrada. Los nuevos pobres son exnuevos ricos, es cierto. Los nuevos niños pobres son exnuevos niños ricos. Creo que los niños no tienen la culpa de su cambio de situación, ganaran sus padres más de 3.000 euros o menos de 1.000. También creo que todos los nuevos pobres no son iguales. De esos de los que tú hablas no hablo yo en mi entrada, la verdad, no pensaba en ellos, aunque el testimonio de Carlos pueda parecer que coincide con ese perfil. Pero por sus palabras no me lo pareció (cada uno puede comprobarlo en el link al final del post). Me explico: hay nuevos ricos que dejan que aflore su pedantería, su cara más vil. Otros no, porque no eran nuevos ricos, sino personas que tuvieron suerte en la vida y le sacaron un buen provecho. Los nuevos ricos son toda una casta, y no me interesan, hablando egoistamente. Por eso tu comentario es tan buen complemento. Y le has dado el mismo tono que yo le hubiese dado.

      Paco, gracias, sobre todo, por leerme y por sentirte libre para expresar tu opinión. Un fuerte abrazo.

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