Sentidos

Que la memoria no sea ni defectuosa ni limitada

Diría muchas cosas sobre las muchas cosas que quiero decir. Y nadando en mi memoria (de la que pretendo no sea defectuosa ni limitada) emerge un texto, leído y releído, que nació de la lúcida mente de Susan Sontag. En él se condensan muchas de esas cosas que quiero decir. Tomadlo como una declaración de principios, como una promesa por la que me comprometo a no dejar de luchar contra la ingenuidad, contra la superficialidad, contra la ignorancia y la amnesia.

20111031_Que la memoria no sea ni defectuosa ni limitada 31 octubre 2011

En la aldea Rahic, a las afueras de Brcko. Bosnia, 1993 | Foto: James Nachtwey

«La designación de un infierno nada nos dice, desde luego, sobre cómo sacar a la gente de ese infierno, cómo mitigar sus llamas. Con todo, parece un bien en sí mismo reconocer, haber ampliado nuestra noción de cuánto sufrimiento a causa de la perversidad humana hay en un mundo compartido con los demás. La persona que está perennemente sorprendida por la existencia de la depravación, que se muestra desilusionada (incluso incrédula) cuando se le presentan pruebas de lo que unos seres humanos son capaces de infligir a otros ―en el sentido de crueldades horripilantes y directas―, no ha alcanzado la madurez moral o psicológica.

«A partir de determinada edad nadie tiene derecho a semejante ingenuidad y superficialidad, a este grado de ignorancia o amnesia.

«En la actualidad un enorme archivo de imágenes hace más difícil mantener este género de defecto moral. Debemos permitir que las imágenes atroces nos persigan. Aunque sólo se trate de muestras y no consigan apenas abarcar la mayor parte de la realidad a que se refieren, cumplen no obstante una función especial. Las imágenes dicen: Esto es lo que los seres humanos se atreven a hacer, y quizá se ofrezcan a hacer, con entusiasmo, convencidos de que están en lo justo. No lo olvides.

post Que la memoria no sea ni defectuosa ni limitada 31 octubre 2011

Susan Sontag (1933-2004)

«Esto no es exactamente lo mismo que pedirle a la gente que recuerde un ataque de maldad singularmente monstruoso. («Nunca olvides») Quizá se le atribuye demasiado valor a la memoria y no el suficiente a la reflexión. Recordar es una acción ética, tiene un valor ético en y por sí mismo. La memoria es, dolorosamente, la única relación que podemos sostener con los muertos. […] La insensibilidad y la amnesia parecen ir juntas. Pero la historia ofrece señales contradictorias acerca del valor de la memoria en el curso mucho más largo de la historia colectiva. Y es que simplemente hay demasiada injusticia en el mundo. Y recordar demasiado (los agravios de antaño: serbios, irlandeses) nos amarga. Hacer la paz es olvidar. Para la reconciliación es necesario que la memoria sea defectuosa y limitada.»

Susan Sontag, “Ante el dolor de los demás”, Editorial Alfaguara, 2003.

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