(ex)Presión/Perversiones de la información

Somos víctimas. Somos culpables

Hoy quiero contaros una historia. Es una historia algo vieja, pero eso no le resta ni un ápice de interés. Y si no, juzgad vosotros mismos una vez la hayáis leído.

 

Una historia puntual

Esta historia que quiero contaros sucedió el 1 de febrero de 1968. Su escenario fueron las calles de Saigón, en las que estaba teniendo lugar una guerra, la de Vietnam. Os refresco la memoria vagamente: esa guerra, que duró casi dos décadas, enfrentó por un lado a los Estados Unidos y el gobierno de Vietnam del Sur contra el de Vietnam del Norte y las guerrillas comunistas que actuaban en el sur. Ese 1 de febrero tuvo lugar un episodio aislado, que hubiera podido caer en el olvido. Pero dejad que os cuente con calma: un capitán del Vietcong acababa de ser capturado por unos soldados de Vietnam del Sur y le llevaban esposado ante el jefe de la policía de Saigón, el general Nguyen Ngoc Loan. Una vez lo tuvo delante, el general disparó a quemarropa al prisionero, matándolo. Asesinándolo. Era un disparo más en medio de una guerra loca, otra más. Pero el dios Azar quiso que un fotógrafo estuviese presente en ese episodio aislado, cámara en mano, congelando con su objetivo ese momento: disparó a la vez que Loan, inmortalizando un instante que ocupó «las portadas de los diarios de medio mundo». La instantánea, una de las imágenes más memorables de la guerra de Vietnam, hizo que aquel fotógrafo ganase el premio Pulitzer al año siguiente de ser tomada. Os estoy hablando de Eddie Adams, fotógrafo de guerra que trabajó durante mucho tiempo para la agencia Associated Press cubriendo 13 guerras diferentes.

 

Eddie Adams, Vietnam, 1 de febrero de 1968

Eddie Adams, Vietnam, 1 de febrero de 1968

 

Y esta es la historia que quería contaros. Aunque en realidad no lo es. Porque esta es solo una parte de la historia. Dejad que os siga contando. La historia que me interesa es la que no muestra esa foto. La historia que quiero contaros empieza unas horas antes de los dos disparos: el de Adams y el del general Loan. Es una historia muy breve, apenas una frase en medio de tantos años de una guerra loca, otra más. Ese guerrillero comunista, prisionero de Loan y asesinado a sangre fría, había sido el ejecutor, apenas unas horas antes, de uno de los colaboradores y amigo del general; también de la esposa del mismo y de sus seis hijos. «A veces, una fotografía puede provocar malas interpretaciones, porque no explica toda la verdad», dijo el ganador del Pulitzer al paso de ese episodio. Cuentan que Adams tuvo remordimientos el resto de su vida por la instantánea tomada, ya que condenó al general Loan con el calificativo de “asesino”. Aquella imagen mostró al mundo una realidad innegable. Pero dejaba fuera de su encuadre otra historia que daba explicación de los hechos que en ella se veían. ¿Los justificaban? No entraré en ese debate porque no es lo que pretendo en este post, simplemente diré que bajo mi punto de vista no lo hace. No lo hace en absoluto. No obstante, es cierto que conocer lo que hay más allá de esa imagen puede que no cambie pero sí que amplíe la perspectiva a la hora de juzgar con un mayor conocimiento de causa por parte del espectador lo que se muestra en la fotografía de Adams.

 

Un punto y a parte a la historia

Y esta es la historia que quería contaros. Que no lo entendéis, ¿no? A veces puedo resultar algo críptica, lo reconozco. Os he contado esta historia para que, de un suceso particular, saquéis una conclusión que ejemplifique una manera de comportarse del ser humano: enfocar la mirada ―y los oídos― a un único encuadre de realidad, a una prueba de verdad puntual, dejando de tener en cuenta otras muchas realidades que suceden en el entorno de ese hecho puntual y que inciden directamente en él. ¿Seguís sin entenderlo? Está bien, intentaré ser más clara explicándolo de otra forma.

La palabra, la fotografía, el vídeo, son también herramienta a la vez que objeto de la propaganda y la manipulación: no perdamos esto de vista. En el principio de la información solo se contaba con la palabra. Con el tiempo se introdujo la fotografía, imágenes fijas que ilustraban aquello que contaban las palabras. Más adelante las tornas cambiaron, y fueron esas imágenes las que contaban la historia, pasando a ser las palabras un mero complemento, con lo que eso puede conllevar de peligroso: ¿quién pone las palabras a esa imagen ―no siempre las han puesto los autores de las mismas―? ¿Cuánto conoce el fotógrafo de todo lo que hay alrededor de las imágenes que congela con su máquina? Siguiendo la historia evolutiva, ahora los vídeos sustituyen todo eso. Ni tan solo hace falta un narrador, pues son las palabras que puedan articular los personajes que aparecen en la película las que crean el hilo narrativo de la historia. Las palabras pueden mentir. También las imágenes, tanto las estáticas como las que están en movimiento. ¿Que cómo puede mentir una imagen? Yo creo que a estas alturas está claro, y no estoy hablando solamente de photoshop: a través de las palabras que la acompañan y con la reducción que les imputa el encuadre al que se somete a la realidad enfocada. Su objetividad, pues, no es más que una mera ilusión. La de Vietnam fue la guerra en la que los reporteros gráficos dejaron de censurar su propio trabajo y difundieron imágenes que mostraban una realidad absolutamente cruda, salvaje y totalmente reprochable. No se puede obviar que los diferentes poderes ―bélicogubernamentales, mediáticos― trataron de cumplir su papel controlador de la información que se divulgaba. Pero los soportes y herramientas técnicos cada vez eran más amplios, los medios de difusión de la información cada vez aumentaban más y eran más heterogéneos.

Hoy en día, el abanico de medios informativos y avances tecnológicos, a lo que debemos añadir la cantidad de herramientas de que se dispone para difundir cualquier tipo de información, son prácticamente infinitos. Tanto que la información es cuantiosa. Muy abundante. Exageradamente profusa. Y eso es tan malo como no tenerla. Porque en este otro extremo reina el problema de los filtros y de la selección de las fuentes a las que acudir para obtener una información veraz, independiente, objetiva, honesta, responsable, plural, de calidad. Abrumador, ¿eh?

 

Otra historia puntual

Con todo esto quiero haceros reflexionar sobre algo muy concreto. A fecha de hoy tenemos un escenario prebélico en el que destaca un escenario: Siria (con permiso de Irán; ahora entenderéis porqué me centro solo en el primero). El punto álgido del ciclón informativo ha llegado este fin de semana, con informaciones y vídeos de Siria en los que se asegura que el régimen de Bashar el Asad ha cometido lo que podría denominarse perfectamente “actos de genocidio con la población”. De hecho, los vídeos son extremadamente explícitos: en ellos se muestran cadáveres descuartizados, troncos sin cabeza, miembros amputados, restos humanos desperdigados por las calles de Homs. No hablo por boca de terceros, he visto un par de esos vídeos y son realmente estremecedores, por decirlo de una forma suave. Se supone que son vídeos de ciudadanos que están sufriendo la violencia represiva del régimen dictatorial sirio o que están siendo testigos de ellas ―anónimos, al fin y al cabo― y que nosotros compartimos a través de las redes sociales.

Más o menos la cosa va así: nuestros medios de comunicación ―cualquier cabecera de prensa, emisora de radio o canal de televisión en el que estéis pensando sirve como modelo― se sirven de las agencias de información para nutrir sus espacios con informaciones confusas. Esas agencias ―son las que estáis pensando, exactamente, Europa Press o EFE sirven para el ejemplo― se nutren a su vez de agencias internacionales para nutrir a nuestros medios de noticias. Estas últimas se nutren de las informaciones que pueden conseguir en las fronteras con Siria, ya que en el interior del país los periodistas que trabajan son una minoría. Además, de esa minoría se desconfía, ya que muchos son los que les acusan de trabajar encerrados en una habitación de hotel y ser espectadores indirectos de lo que sucede en las calles a través de las informaciones que difunden los medios: un bucle infernal. A su vez, existen fuentes de información alternativas a los que la gran mayoría no dan credibilidad por eso mismo, por ser alternativas, por estar fuera del circuito de los medios tradicionales, por ser informaciones elaboradas desde un punto de vista que no se corresponde al que marca la tradición informativa, porque sus contenidos no vienen marcados por las inamovibles agendas de la información. Las razones que blandirían los detractores podrían formar una buena lista.

Imágenes manipuladas

Imágenes manipuladas

Y para acabar de redondear esta locura de fuentes informativas, no debemos perder de vista dos cosas muy importantes, a la vez que acojonantes (disculpad la expresión, pero es la palabra que mejor lo define): los medios tradicionales se nutren de las informaciones que corren por las redes sociales; las redes sociales difunden los vídeos que envían “testigos anónimos”, dándolos por veraces sin antes haber comprobado que las imágenes son de la fecha y el lugar a las que se supone que hacen referencia. “¿Vídeos manipulados? ¡Eres una conspiranoica!”. Sí, sí, todo lo que queráis. No será la primera vez que se hace, ni tampoco la última.

 

Así pues…

Acabo de oír que hoy hace años que la hija de Randolph Hearst, el magnate de la prensa, fue secuestrada. Esto no me interesa, lo que me ha resonado ha sido el cuadro de síndrome de Estocolmo que sufrió. Y me pregunto, cínica y sarcástica: ¿somos los espectadores de la información unos enfermos crónicos de este mismo síndrome de Estocolmo? ¿Estamos incapacitados para denunciar la violencia a la que nos vemos sometidos como receptores de la misma? Y me respondo a mí misma, si cabe aún más cínica y sarcástica que cuando me formulaba las preguntas: somos víctimas culpables del síndrome de Estocolmo al que nos ha sometido el secuestro mental de los medios tradicionales de comunicación, agentes ejecutores de los holdings mediáticos, organismos terroristas de los círculos del poder mundial. Repito, somos víctimas. Pero insisto, somos también culpables de ello.

 

La primera regla para entender la condición humana es que las personas viven en mundos de «segunda mano». Conocen mucho más de lo que personalmente han vivido y su propia experiencia es siempre indirecta. La calidad de sus vidas viene determinada por acepciones que han recibido de otros. Nadie se queda solo enfrentándose directamente a un mundo de hechos puros… su experiencia está conformada por significados estereotipados y moldeada por interpretaciones ya hechas.  Sus imágenes del mundo y de sí mismo vienen dadas por multitud de testigos que nunca ha conocido y nunca conocerá. Sin embargo, para cada hombre esas imágenes ―suministradas por desconocidos― son la base misma de su vida como ser humano.

 Charles Wright Mills

6 pensamientos en “Somos víctimas. Somos culpables

  1. Creer a pie juntillas las noticias que nos llegan de lugares que ni conocemos ni, con toda probabilidad, conoceremos nunca es de una ingenuidad culpable, teñida de desidida y conformismo ¡es tan fácil manipular una información! es un jodido juego de niños perversos! . ¿Donde está la frontera? ¿cuando dejamos de ser ingenuamente culpables para pasar a ser conspiranoicos? ¿a ver si va a ser que vamos a tener que emplear el propio criterio y el sentido común? entonces si que la hemos liado!

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    • Ana, soy de las que defiende que si no utilizamos nuestro criterio y sentido común no iremos a ninguna parte. El problema empieza cuando los que reportan sus noticias decodifican mal aquello que están cubriendo. Si eso se replica en cada eslabón de la cadena informativa, al final lo que tenemos es un folletín sin pies ni cabeza. Porque ahí es donde podemos detectar que algo falla: cuando una noticia no tiene ni pies ni cabeza. Pero por desgracia pocos son los que se plantean esas cuestiones como receptores de la información.

      Un fuerte abrazo

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  2. Yo vi esa imagen como clip en el NODO (estoy casi seguro, porque no sólo me chocó la ejecución sino el echo de que saliese en el mismo noticiario fascista que apoyaba a ChanKaiCheq) y debe estar por ahí en youtube. Ver caer la cara del prisionero antes de la “ejecución” y casi oirlo caer fue más “informativo”, o menos desinformativo, que presentar a un “héroe” de la “libertad” disparando sobre lo que para él debía ser una pieza de caza.

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    • Si no me equivoco, Adams hizo una secuencia de imágenes del “asesinato”. Pero la única que tuvo trascendencia es esta que aparece ilustrando el post. Lo que está claro es que las imágenes en movimiento tienen mucho más impacto que las imágenes fijas, teniendo en cuenta el hecho de la capacidad de reproducción que tengamos de las primeras. Si a eso añadimos la pista de sonido, ni que decir tiene que es el zénit de la desinformación. Desgraciadamente, la misma imagen, ya sea fija o móvil, puede ser utilizada para fines tan dispares como apoyar o condenar a quien empuña la pistola, a quien mata la bala.

      Y, ¿sabes? Nunca he acabado de entender muy bien cuál era la finalidad informativa de esa imagen… Debe ser que leo demasiados textos revolucionarios que me nublan el global-raciocinio. Pero lo mío ya no tiene remedio.

      Un abrazo, Paco

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