Fragmentos/Libros

El atroz desmoche de la universidad española

Cuarenta más cuarenta son ochenta. 80 años en los que la universidad pública ha sufrido de forma continuada ataques de todo tipo en una escalada clasista y elitista. Personal docente y administrativo, investigadores y estudiantes han visto reducidas sus oportunidades de una manera muy drástica.

Criterios parciales en los procesos de selección del profesorado, que no tienen en cuenta la preparación de los candidatos o su calidad científica. Elección aleatoria de tribunales, que además no suelen ser especialistas en las materias que deben evaluar. Asignación de plazas por el sistema de endogamia o el de idoneidad, muchas veces con candidatos únicos a la plaza ofertada. Leyes y reformas tramposas que impiden o entorpecen la aplicación de aquellas que son positivas. Procedimientos de acceso que no recompensan a los mejor preparados. Legisladores que anulan a buenos científicos e investigadores, que capan a los innovadores.

Mala calidad en la transmisión de los conocimientos; desidia y mediocridad docente. Cambios interminables en los planes de estudios. Clasismo y elitismo en todas las esferas. Evidentes divisiones entre las diferentes categorías. Reducción de personal, tanto docente, administrativo y de servicios como investigador. Desaparición de estudios por criterios de competitividad empresarial y rentabilidad económica. Menor difusión del trabajo de investigación, o divulgación de menor calidad. Reducción de la inversión en investigación. Intermediación de bancos privados en programas educativos y servicios económicos.

Drásticas reducciones de los presupuestos ministeriales. Aumento de la cuantificación competitiva de resultados. Incremento del número de estudiantes que dependen de las becas y las ayudas al estudio; cada vez son más los que viven en situación de precariedad económica. Invisibilidad de los alumnos expulsados por el sistema. Planificación de exámenes absurda. Subida astronómica de tasas. Pérdida de talentos, que buscan destinos más accesibles para desarrollar sus carreras universitarias. Menor cuantía en y menor cantidad de becas. Menos ayudas al estudio. Trabas económicas para acceder a titulaciones de postgrado.

Empobrecimiento y empeoramiento de la calidad a todos los niveles.

Ataque frontal a un derecho fundamental para la libertad, el desarrollo y la autonomía personales.

'Un momento de descanso', Antonio Orejudo. Tusquets Editores. Colección Andanzas | Foto: Mónica Solanas

 

Una deducción, un razonamiento, una abstracción o un aviso, sea como sea ineludible y urgente, acerca de este pésimo panorama.

«El atroz desmoche, de Jaume Claret Miranda, demostraba que el franquismo no había infravalorado la universidad. Todo lo contrario; fue siempre muy consciente de su poder. Sus ideólogos entendieron perfectamente que en la tarea de aniquilar el germen republicano para siempre lo más importante era el complemento circunstancial. Para siempre. Y a ello se aplicaron con ahínco. La enconada persecución que sufrieron los profesores universitarios desafectos al Régimen no fue tanto una consecuencia del odio cuanto el resultado de un proyecto concebido con frialdad: la consolidación de un estado de anemia intelectual que sirviese de profilaxis ante el riesgo de futuras infecciones revolucionarias.

«Este minucioso plan contó con la inestimable ayuda de los profesores más mediocres, que vieron en aquella sistemática aniquilación de la excelencia una oportunidad para ocupar cátedras, rectorados, decanatos y ministerios. La sinergia que se produjo entre los depuradores ideológicos y la chusma académica hizo que la universidad franquista fuera durante cuatro décadas una institución fantasma.

«Los datos que presentaba Jaume Claret eran abrumadores. Decenas y decenas de brillantes trayectorias científicas truncadas por la envidia y la ignorancia violenta, catedráticos traicionados por algún discípulo resentido, excelentes profesores, investigadores de primera línea arruinados moral y económicamente por la envisia de algún oscuro colega.

«A la luz de todas estas historias, relatadas en el libro con nombres y apellidos, se comprendía por qué la situación de la ciencia y de la universidad españolas era paupérrima. Nuestro raquitismo cultural, intelectual y científico no obedecía a un ciego y fatal designio del destino, sino al dictado consciente de quienes ganaron la guerra y a la incompetencia coadyutoria de los políticos que vinieron después.

«Al perderse en los primeros años de la Transición la oportunidad de corregir drásticamente esta situación, los jóvenes políticos de la democracia facilitaron al franquismo una de sus últimas victorias: garantizar que los efectos de ese atroz desmoche llevado a cabo por el Régimen en la universidad perdurarían durante siglos

Un momento de descanso, Antonio Orejudo, Tusquets Editores

4 pensamientos en “El atroz desmoche de la universidad española

  1. Está bien buscar culpables, pero yo pienso que los que más responsabilidad tienen en esta historia son (hemos sido) los mismos habitantes de las universidades, tanto empleados como estudiantes.
    Claro está que desde fuera no se ha facilitado el cambio, no hay más que ver dónde van todos los esfuerzos en aras de que la educación sea lo que debe ser: algo importante y que cambie por retroalimentación y por evolución, no por decreto.
    Un abrazo Moni.

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    • No se trataba de señalar culpables, tan solo quería compartir las notas que Orejudo escribe en su novela sobre el libro de Claret. Es un análisis que cuesta encontrar. De hecho, creo que es la primera vez que lo leo en esos términos.
      Es cierto que los habitantes de las universidades tienen su responsabilidad, pero muchos de ellos se han visto sumergidos en unas determinadas prácticas. Y ya sabes que es difícil hacer cambios cuando algo permanece inamovible durante años y años.
      Seguiré sin perder la esperanza porque esos cambios sean para bien y no por decreto.
      Un abrazo de vuelta, Gonzalo.

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  2. En este sentido, recuerdo del grado de Sociología de una pública catalana ‘Sociología del trabajo’. Del – Trabajo. En horario de tutoría, cuando tenías suerte y efectivamente el profesor o profesora de turno respetaba sus horarios de tutoría:
    “No podré asistir a tus clases con regularidad, ya que trabajo a media jornada con horarios flexibles que cambian cada semana.”
    “Bien, lo entiendo, pero ése no es mi problema, y la evaluación es continuada.”
    (un señor que es catedrático en sociología – del – trabajo)
    “…”
    “Lo que significa que no podré evaluarte.”
    Sociología – Del – Trabajo.
    Me da la risa cuando seguimos hablando de ciudadanía variada, sin entrar en el concepto no vaya a ser que sortíssim escaldats, y no de clases y privilegios.

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