Lapidarium

La libertad de expresión de Wert y los actos fascistas

Ayer por la tarde, en el hotel Los Lebreros de Sevilla, iba a tener lugar un nuevo acto dentro del ciclo de conferencias Las Charlas de El Mundo de Andalucía. Como bien puede deducirse por el nombre, el periódico El Mundo de Andalucía es el ente organizador de esta serie de ponencias. El orador era de excepción, José Ignacio Wert, ese ministro que nos ha regalado el Partido Popular para defenestrar el tejido educacional y cultural de España.

El ministro Wert

Wert acudía al encuentro con un texto titulado El reto de la educación, y por lo que supimos más tarde por boca del presentador del acto, Francisco Rosell —director del periódico organizador—, el ministro pretendía dar cuenta a los asistentes de las razones por las que es necesaria una reforma educativa como es la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Pero ¡oh, negra suerte!, el pobre José Ignacio no tuvo ocasión de compartir sus sesudas reflexiones con el auditorio: un grupo de “intolerantes, fascistas, saboteadores, radicales” —un ejemplo de las diferentes calificaciones con las que han sido adjetivados por algunos medios de comunicación— se alzaron de sus butacas al grito de “Wert dimisión”, “Fuera, fuera”, “Universidad pública y de calidad”. Vestidos con camisetas verdes y chalecos amarillos, armados con globos y pancartas, con silbidos y abucheos, se mantuvieron firmes en su protesta durante 40 minutos, hasta que consiguieron que Rosell diera el acto por anulado y abandonara la sala junto con Wert. Una verdadera pena, porque la sala —con un aforo de 550 personas— estaba llena hasta la bandera.

Foto de la sala de Jesús Morón

Foto de la sala de Jesús Morón

Durante esos 40 minutos José Ignacio se mantuvo impasible ante la intransigencia y la intolerancia de esos energúmenos del fondo, mientras Francisco trataba de hacerles entender que habían expuesto sus motivos más que suficientemente, era hora de permitir al ministro que expusiera las suyas. Sus argumentos eran de lo más civilizado, y los repetía con constancia y voz firme. «La Universidad sin libertad no es posible. Respeten la libertad de expresión, por la que tanto se ha luchado en este país. Queremos escuchar al ministro». Pero los exaltados continuaban en su empeño. «Si tan seguros y convencidos están de sus argumentos y de sus razones, escuchen al ministro; sin libertad de expresión poca universidad de calidad vamos a tener», argüía Rosell, tratando de que su voz se elevara por encima del terrible sonido de la protesta. Pero era imposible contener a los elementos desbocados. Momentos antes de abandonar la sala pudo aún hacerse oír por los asistentes que se encontraban en las primeras filas, «Desde hace cinco años este foro ha sido siempre un espacio de libertad; desde un periódico estamos defendiendo siempre la libertad de expresión pero eso nos afecta y nos compete a todos y lo menos que debemos hacer es mantener un nivel de educación y de comportamiento ciudadano». Las primeras filas. Como soldados prestos a la batalla, Javier Arenas y Juan Ignacio Zoido batían sus manos en calurosos aplausos que homenajeaban el valor de José Ignacio Wert. Incluso hubo un momento en el que se oyeron proclamas de “¡Libertad, libertad!” blandidas como escudos protectores a tanto despropósito.

No fue posible. El acto no tuvo lugar. Wert no pudo impartir su conferencia. Junto a Rosell, abandonó la sala para reunirse con los medios que amablemente sí quisieron escuchar sus juiciosas declaraciones ante semejante «ejercicio de intolerancia y fascismo», como él mismo lo calificó. Frente a unos micrófonos silenciosos y entregados a su voz, el ministro tachó de “acto fascista” los abucheos y pitadas de una parte de los asistentes, esos que no le permitieron explicar las razones de su reforma educativa. Afirmó que «una situación como la de hoy llama la atención sobre la necesidad de una reforma educativa importante, porque la educación consiste en una formación integral que incluye el valor de la tolerancia, del respeto y el principio del argumento por encima del grito y de la descalificación»; incluso tuvo a bien decir que, en cuanto a las críticas a su LOMCE, «todo es susceptible de ser dialogado». Hoy, la consejera de Educación de la comunidad andaluza, Mar Moreno, ha mostrado su apoyo al ministro de Cultura citando a uno de los máximos representantes de la Ilustración —que como bien sabéis es ese período que enfatizó el poder de la razón humana, de la ciencia y el respeto hacia la humanidad, muy acorde al personaje defendido—: «Parafraseando a Voltaire, diré que no estoy de acuerdo con casi nada de lo que dice Wert, pero pelearía con quien fuera para que Wert pudiera expresarlo»

Aguantando el tipo

Bien, mi cinismo ha llegado a su límite en apenas 800 palabras. Oír términos como libertad, intolerancia o intransigencia dichas en este contexto por personas que abusan de su poder en detrimento de las libertades ciudadanas y de la soberanía del pueblo, de la democracia, tiene un límite. Libertad es actuar de uno u otro modo pero siempre siendo responsables de esa actuación. Y eso es algo que no están cumpliendo nuestros gobernantes. Su libertinaje recorta nuestros derechos, impidiéndonos con sus leyes represoras desde manifestarnos pacíficamente hasta acudir a un centro de urgencias porque han decidido que no es rentable y debe clausurarse.

Pero los antisistema, los fascistas, son los componentes de los diferentes colectivos —entre otros Marea Verde, Marea Pública, Plataforma de Docentes Interinos/as, Movimiento de Acción Estudiantil (MAE), Institutos Sin Miedos — que acudieron ayer por la tarde a ese hotel sevillano para decirle al ministro, por enésima vez, que no estaban de acuerdo con sus medidas en política educativa, para expresar su rechazo a las medidas de recortes dictadas por el gobierno.

Los "intolerantes"

Y parece que solamente Wert puede ser escuchado. Debemos dejar que explique sus razones. Porque él sí tiene derecho a ejercer su libertad de expresión. Bien al contrario, el ministro ha obviado al pueblo —ese del que esta mañana decía María Dolores de Cospedal que es en el que reside la soberanía, el que debe decidir qué futuro quiere— cada vez que ha reclamado su atención para que escuchara las razones por las que rechazaban su reforma educativa. No ha sido una vez. Ni dos. Y no ha escuchado. Ni tan solo se ha dignado a hacer el gesto. Que le callen le molesta, eso queda bien patente en las imágenes del vídeo del acto reventado ayer. Debe ser que está demasiado acostumbrado a imponer su palabra en un hemiciclo en el que no tiene oposición alguna —no olvidemos que disfruta de una cómoda mayoría absoluta—, un hemiciclo en el que ejerce su libertad de expresión cuándo y cómo quiere, sin que nadie levante la voz por encima de la suya, sin que haya voces discordantes que consigan hacerle abandonar el estrado o bajar el micrófono de su escaño.

Wert sigue insistiendo en su empeño: la LOMCE debe salir adelante, una reforma que muchos analistas han calificado como antidemocrática, segregadora, ideológica, reduccionista, autoritaria, mercantilista, privatizadora, partidista, clasista, sexista, regresiva, centralizadora, elitista, propulsora de la desigualdad de oportunidades y potenciadora de la desconfianza en el profesorado. Que no es poco. Que tampoco es todo lo mejor que se ha dicho de ella.

El representante de la cartera de Educación dice pretender que la Ley se apruebe mediante «el diálogo, el debate y la confrontación de ideas; todo aquello que es consustancial a la educación en un contexto democrático. […] Nuestra Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa va orientada en esa dirección: que aprendamos a discutir civilizada y educadamente, que sepamos entender que en las opiniones del adversario puede haber una parte de verdad, que todo es susceptible de ser hablado y que la palabra es preferible al grito y al insulto», ha aseverado. A Wert, en aquella sala del hotel sevillano, tampoco le dejaron decir que su reforma ilustra sobre «la capacidad de escuchar los argumentos del oponente por lejos que se encuentre uno de ellos». Lo que no ha aclarado es quiénes pretende que sean sus partenaires. Puedo suponer que personajillos que no le opongan ningún tipo de censura, que para eso es ministro: para imponerla él.

El recibimiento de quienes fueron a exponer a Wert sus razones, compuesto por los anteriormente citados además de por miembros de la Coordinadora Andaluza de Representantes de Estudiantes (CARE), fue comparado por Rosell con «lo que ocurría precisamente en un régimen fascista como el franquismo; que no se dejaban dar conferencias». Tal vez, él que tanto defendió ayer la libertad de expresión, debería dar un repaso a la historia y ver cuáles eran las conferencias que no podían ser impartidas… Una última aclaración: Raúl Moreno, portavoz de la CARE, puntualizó que lo que pasó en aquel salón no es más que el reflejo de lo que ellos llevan encontrándose cuando han tratado de dialogar, debatir y confrontar ideas con el ministro, «no nos escucha en los órganos de participación que existen, como son el Consejo Estudiante del Estado o el Consejo de Universidades.

Acabo ya. Con una declaración firme. Me sumo al comunicado de prensa que hoy ha publicado Marea Verde Sevilla en su blog: como ellos, yo también exijo la inmediata dimisión del ministro y la retirada del anteproyecto de su ley, la LOMCE. Yo tampoco quiero pagar su crisis. Y también continuaré adelante con esta lucha en defensa de la educación pública y de calidad; de la misma manera, por supuesto, que de su profesorado.

WERT DIMISIÓN

8 pensamientos en “La libertad de expresión de Wert y los actos fascistas

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  3. Me parece un fantastico articulo y muy interesante .Estoy completamente de acuerdo contigo,Pienso que en nuestro pais es esencial para q la democracia siga adelante,que periodistas serios y comprometidos nos informen a los ciudadanos,porqué es la unica forma de comprometernos seriamente con la politica que nos afecta a todos.

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  5. esa es mi MONI… hace tiempo que no sabía nada de ti, pero merece la pena seguir tus escritos…. se nota la sangre de periodista que corre por tus venas.

    estoy contigo, adelante

    un beso

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