Memoria/Para la Memoria

A ellos, a los cobardes, les dedico estos versos de Miguel Hernández

El 28 de marzo hará 70 años que murió Miguel Hernández. La verdad es que no sé qué fastos conmemorarán su persona, pero seguro que son equivocados. Yo hoy quiero recordarle, antes que otros lo hagan y desvirtúen mi humilde homenaje. El “poeta campesino en las trincheras” decidió volcar su vida y su obra a las trincheras de la guerra civil. Desde ellas, empuñaba su pluma tornándola en arma reivindicativa y defensora de la República, escribiendo versos, “poesías de guerra”, Viento del pueblo que sopló por primera vez en 1937.
Ha pasado casi un siglo desde que Miguel Hernández escribiera estos versos. Y sin embargo, releerlos, recordar esta antología, nos demuestra que la lucha sigue siendo la misma. Que debería estar más viva que nunca. Que a pesar del tiempo pasado seguimos necesitando de plumas como la suya, de voluntades como la suya. «Poco sabía del mundo hasta hace poco y ahora he aprendido demasiado».
Miguel escribió esta frase tras su largo periplo por diferentes cárceles de España. Nosotros hoy contamos con ciertas ventajas: saber qué pasó entonces, conocer las armas contra las que hoy debemos luchar y quiénes son las que las empuñan. Son otras armas, son otros las que las empuñan, pero buscan lo mismo: que el viento del pueblo deje de soplar.
Hace falta valor, es cierto, pero carecer de él será peor que no tenerlo. Sabed que “…hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida”. Es tiempo de lucha. Otra vez. Por nuestro trabajo, por nuestra educación, por nuestra sanidad, por nuestros derechos, por nuestro futuro y el de los que nos seguirán. Y en esta lucha no tienen cabida los cobardes. A ellos, a los cobardes, les dedico estos versos de Miguel Hernández.
Miguel Hernández

Los cobardes

Hombres veo que de hombres         solo tienen, solo gastan

el parecer y el cigarro                       el pantalón y la barba.

En el corazón son liebres,                 gallinas en las entrañas,

galgos de rápido vientre,                  que en épocas de paz ladran

y en épocas de cañones                   desaparecen del mapa.

Estos hombres, estas liebres,            comisarios de la alarma,

cuando escuchan a cien leguas        el estruendo de las balas,

con singular heroísmo                      a la carrera se lanzan,

se les alborota el ano,                       el pelo se les espanta.

Valientemente se esconden,             gallardamente se escapan

del campo de los peligros                estas fugitivas cacas,

que me duelen hace tiempo            en los cojones del alma.

¿Dónde iréis que no vayáis              a la muerte, liebres pálidas,

podencos de poca fe                       y de demasiadas patas?

¿No os avergüenza mirar                en tanto lugar de España

a tanta mujer serena                       bajo tantas amenazas?

Un tiro por cada diente                   vuestra existencia reclama,

cobardes de piel cobarde                y de corazón de caña.

Tembláis como poseídos                 de todo un siglo de escarcha

y vais del sol a la sombra                llenos de desconfianza.

Halláis los sótanos poco                  defendidos por las casas.

Vuestro miedo exige al mundo       batallones de murallas,

barreras de plomo a orillas             de precipicios y zanjas

para nuestra pobre vida,                 mezquina de sangre y ansias.

No os basta estar defendidos         por lluvias de sangre hidalga,

que no cesa de caer,                       generosamente cálida,

un día tras otro día                         a la gleba castellana.

No sentís el llamamiento                de las vidas derramadas.

Para salvar vuestra piel                   las madrigueras no os bastan,

no os bastan los agujeros,              ni los retretes, ni nada.

Huis y huis, dando al pueblo,         mientras bebéis la distancia,

motivos para mataros                    por las corridas espaldas.

Solos se quedan los hombres        al calor de las batallas,

y vosotros, lejos de ellas,                queréis ocultar la infamia,

pero el color de cobardes              no se os irá de la cara.

Ocupad los tristes puestos             de la triste telaraña.

Sustituid a la escoba,                     y barred con vuestras nalgas

la mierda que vais dejando            donde colocáis la planta.

6 pensamientos en “A ellos, a los cobardes, les dedico estos versos de Miguel Hernández

  1. Malos tiempos, compa Moni, corren hoy (si es que alguna vez los corrieron buenos, que tengo yo mis serias dudas al respecto…) para los principios defendidos por el poeta del pueblo (una figura, por lo demás, y por lo que he podido ir leyendo aquí y allá, con sus facetas controvertidas; humano, al fin y al cabo…). Igual su planteamiento, desde el punto de vista práctico, ya no nos vale hoy mucho, dado lo sinuoso y complejo de los ‘enemigos’ que hemos de afrontar; pero el espíritu, ése, sin duda alguna, no deberíamos perderlo de vista, no…

    Un fuerte abrazo y buen día.

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    • Un fuerte abrazo, Manuel. Y mantengamos ese espíritu ya que, aunque las formas hayan cambiado, el fondo sigue siendo el mismo, por mucho que pase el tiempo y por muchos tiempos que pasen…

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  2. El poema me recuerda lo que me contaba mi abuelo sobre las guerras carlistas. La historia se va repitiendo, al menos en detalles esenciales. Esconderse en un pozo negro para no plantar cara al enemigo…

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    • La historia se repite y (la mayoría de) nosotros somos incapaces de ver los anteriores errores y subsanarlos. Yo sigo siendo una ingenua, y creo que todo esto tiene un sentido y encontraremos una salida. De ilusión también se vive. Muchas veces es de lo único que se vive…

      Un abrazo, Paco. Gracias por visitar mis (re)lecturas

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