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Imágenes de la guerra: una mirada crítica

Roland Barthes cierra La cámara lúcida señalando que la fotografía puede ser loca o cuerda, pero que son los espectadores los que deben escoger el contexto en el que enjuiciarla: el espectáculo o la realidad. Las imágenes sobre el dolor de los demás no son banalidades, como no debe serlo la posición del público ante ellas. El ensayo de Sontag Ante el dolor de los demás obliga a la reflexión sobre qué mirada se debe adoptar. En unos días en el que esas imágenes se suceden antes nuestros ojos, es recomendable una relectura de este texto, reflexión dura y dolorosa: dura por la crudeza de afirmaciones que pueden herir los sentimientos de los cómodos occidentales; dolorosa porque tales afirmaciones son verdaderas.

Zona republicana en España, 1936-1939

Zona republicana en España, 1936-1939

Imágenes que se suceden antes miradas esquivas. Fotografías que quedan relegadas a lugares recónditos de la mente. Cuadros de realidad suspendidos de paredes como ventanas a un mundo ajeno. Dolor, sangre y muerte: hijos de una guerra que no es de quien la observa. Miedo, inmadurez y saturación: imposibilidad para enfrentarse a una terrible realidad lejana. Espectáculo, morbo, voyeurisme: ocultas actitudes execrables revestidas de falso compungimiento. Morir y sufrir para existir congelados a todo color. En este intenso ensayo, el lector es conducido más allá de las fotografías de guerra a través de un recorrido por su historia y su relación con el entorno. Partiendo de las observaciones que Virginia Woolf plasmó en Tres guineas acerca de los orígenes de la guerra, Susan Sontag repasa la fotografía de guerra desde diferentes puntos de vista: pruebas de realidad, manipulaciones, censuras, arte, memoria, contenido de los medios, espectacularidad. Y espectador. Será él quien dará sentido último a las miserias de otros, rostros anónimos, cuerpos ajenos; guerras que no comparte ni entiende sino a través de un disparo que no mata pero eterniza en el dolor. Y justifica Woolf que el fallo está en la falta de empatía y de imaginación. Argumento peregrino para tan devastadora realidad.

«Para los militantes la identidad lo es todo. Y todas las fotografías esperan su explicación o falsificación según el pie». La fotografía pertenece a su autor mientras no es revelada. En el momento en el que otros ojos posan su mirada sobre ella, pierde su intención original. Lo peor es que acabe siendo arma de doble filo, utilizada como falacia para una realidad inventada y adaptada al encuadre. El semanario L’Express publicó en diciembre de 1956 una serie doble de fotografías sobre el alzamiento húngaro. Los documentos eran idénticos, sólo variaban las versiones de los pies de foto. En una de esas imágenes dobles se veía un tanque soviético en medio de una calle. Mientras uno de los pies de foto rezaba ‘Despreciando el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, el gobierno soviético ha enviado varias divisiones blindadas a Budapest para reprimir el alzamiento?, bajo su opuesta pareja podía leerse Él pueblo húngaro ha solicitado la ayuda del pueblo soviético. Han llegado varios tanques soviéticos para proteger a los trabajadores y restablecer el orden’. Gisèle Freund explica esta anécdota en su obra La fotografía como documento social. Hay más. Como más que explica Sontag. La importancia no está en conocer las pasadas dobles intenciones de los usuarios de imágenes de guerra, sino en la aprehensión por parte del público de la trampa en futuras recepciones de las mismas. «La guerra no es un espectáculo». Al menos no lo era en los grabados de Goya de principios del siglo XIX. Cierto que no eran fotografías, sino representaciones que el autor escogió crear para reflejar los horrores que sucedían a su alrededor. Tal vez no eran copias exactas de una realidad dada. Pero también es cierto que «fotografiar es encuadrar, y encuadrar es excluir». Elegir. Todo depende de la elección: encuadrar, publicar, mirar, reflexionar. Manipular.

James Nachtwey, fotoperiodista

James Nachtwey, fotoperiodista

«La fotografía es como una cita, una máxima o un proverbio». Desde la guerra de Crimea hasta la «guerra del terrorismo» (los ataques al World Trade Center). Ha pasado un siglo y medio entre uno y otro acontecimiento. En medio, los conflictos se han sucedido como un látigo que cae con fuerza una y otra vez sobre la carne trémula y doliente. Los fotoperiodistas han sido ladrones de sus horrores, y a veces víctimas de la bestia. Y los lejanos observadores, ajenos a la devastación, han podido volver sus gráciles cuellos hacia paisajes más agradables. Pero en el fondo quieren ver, quieren recorrer con sus ojos el infierno, la destrucción, la crueldad. «Encontrar belleza en las fotografías bélicas parece cruel». Y eso es lo que nadie quiere, lo que debe ser soslayado. Qué es correcto y qué no lo es. Qué es apropiado transmitir. Dónde acaba el buen gusto. Cuándo las imágenes se vuelven insoportables.

Sin embargo, «debemos permitir que las imágenes atroces nos persigan». El dolor es hoy ajeno, pero nadie está exento de ser su víctima. No nos convirtamos, pues, en sus verdugos.

7 pensamientos en “Imágenes de la guerra: una mirada crítica

  1. ¡Dios mío tienes un groupie! Yo le diría a Delcampolabota: y si ahora le dices que es muy buena escribiendo, cuando escriba algo mejor qué le vas a decir, se te van a agotar los piropos, luego recurrirás a los adjetivos en otros idiomas y cuando los agotes qué nos queda, señales de humo. Pues no. Hay que darle un 6 y luego un 6,1 y así sucesivamente, hazme caso, así la motivamos. 😉

    Es increíble pero tengo media neurona que se ha prestado a la comprensión lectora de tu artículo a estas horas porque ¡llego de amanecida!, asunto que no tiene nada que ver con tu artículo pero lo dejo como curiosidad. Voy directo al final: es el mismo dilema que cuando se tiene que emitir una imagen o escribir un texto que contiene un mensaje duro o crudo -o duro y crudo-. Hay que tener cuidado con esto del mal gusto porque mi sensibilidad está en un nivel y el de otros, en otro.

    No sé hasta que punto hay que buscarle contexto a todo, esto sería matar el arte por el arte, creo. Ahora estamos en la época donde no hay referentes, todo se descontextualiza, ni observador ni a veces observado, en la que se analiza la postura del espectador, hemos deconstruído y vuelto a recomponer, etc etc.

    P.d.: Roland Barthes es un genio también por -ese que citas no lo he leído- por El grado cero de la escritura, qué pedazo de ensayo, este tío es Dios -en lo suyo-. Sontag no me gusta como escritora, pero como ensayista no la he leído aún, alguna cosa suelta y poco más que mi memoria no encuentra ahora. Buenos días, por cierto. 😀

    P.d.: A ver si un día vas a mi bitácora, un día cualquiera de un año cualquiera, y en un artículo al azar dejas un comment, me hace ilu al menos uno. 😀

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    • Te leí pero no te contesté. Cuando hablas de matar el arte por el arte… No es arte de lo que hablo, sino de fotoperiodismo. Que alguien confunda imágenes con documentos no me interesaba en este post. Tal vez otro día. Lee algún ensayo de Sontag, éste te sirve. Creo que es una buena recomendación.

      P.d.: Entré y comenté, pero no al azar… 😉

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  2. Una reseña impactante y con enjundia, compa Mónica; son muchas las variables y perspectivas que manejas a lo largo de la misma, y no es difícil perderse. En el tema de las imágenes, y su difusión, es difícil hacer un pronunciamiento moral rotundo –y es un tema acerca del cual he participado en debates muy intensos y profundos, sin conseguir llegar a conclusiones claras-. En cuanto a su condición manipulada y manipuladora, ya me caben menos dudas. Y no es solo una cuestión de intencionalidad (que en muchas ocasiones, más de las que serían deseables, también…), sino de puro imperativo físico. La imagen NUNCA es la realidad; por lo tanto, y en la medida en que pretende transmitirnos la misma, es un intento fallido SIEMPRE. Creo… Felicidades por tu blog y por aquí andaré trasteando todo lo que pueda.

    Un fuerte abrazo y buen jueves.

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    • Manuel, gracias por tus palabras.

      La imagen nunca es la realidad si solamente nos limitamos a ver lo que hay dentro del encuadre, tanto espacial como temporalmente. Así es como yo lo entiendo. Una fotografía entendida como documento comunicativo debería ir siempre acompañada de una historia, su historia, el contexto que le confiere una aproximación a una realidad más certera. La alusión a la obra de Gisèle Freund no es casual, aunque puede que no haya sido lo suficientemente incisiva a este respecto. Pero bueno, éste es un tema apasionante que da para otro post, si me lanzo te aviso.

      Me gustará mucho verte trasteando por aquí. Un abrazo.

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  3. Cuando un escritor plasma su vision con conciencia y humanidad profesional, el lector plasma su gratitud comentando , maestra gracias por comunicar
    jrogj

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