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El corazón de Haití: un recuerdo desde la mirada optimista de Alberto Pla

Si algo me ha regalado la red social Twitter es conocer a personas sin las que este mundo que habitamos sería más triste y gris, más frío y desapacible. Una de esas personas es Alberto Pla, fotógrafo y documentalista. Dicho así parecen dos etiquetas linkedianas, si me permitís la expresión, pero su trabajo, su mirada, siempre me iluminan el alma y me renuevan la esperanza en gran parte de la humanidad.

Nos vimos por primera (¡y única!) vez a principios del mes de octubre de 2014, aunque ya habíamos hablado antes (y después hemos seguido en contacto, mal que me pese muy espaciado). Poco antes, a mediados del mes de septiembre, una foto me atrapó completamente al cruzarse en mi timeline: un niño mirándome fijamente, con unos enormes ojos llenos de vida. Me enamoró. Era de Alberto Pla. Y contacté con él.

Y así fue como aquel miércoles conocí a alguien con un corazón y una sonrisa inmensos: en la estación de Francia de Barcelona, entre un montón de cajas y grandes fotos que organizaba para montar la exposición fotográfica que recogía su trabajo y el de la organización TECHO tras aquel terremoto, mientras me explicaba con un cariño desbordante lo que vivió y lo que compartieron con él todas las personas que decidieron «ser las dueñas de su desarrollo».

Escucharle hablar de Haití, de las comunidades haitianas que trabajaban con esas ONG para reconstruir sus casas, sus barrios, sus vidas; escucharle afirmar lleno de convencimiento que «la utopía cada vez lo es menos» fue toda una lección para mí.

Publicamos el reportaje que sigue en DateCuenta a principios del año 2015. Trece años después de ese devastador terremoto os lo comparto aquí. Espero que la mirada de Alberto os emocione tanto como me emocionó a mí.

12 enero 2023 El corazón de Haití Alberto Pla DateCuenta Mónica Solanas Gracia

«Es uno de los trabajos más bonitos de mi vida»; Alberto Pla durante el montaje de la exposición «El Corazón de Haití» en la estación de Francia de Barcelona. 8 de octubre de 2014 | Foto: Aitor Fernández

Alberto Pla: «Que sean los haitianos los dueños de su desarrollo»

(Publicado en DateCuenta el 12 de enero de 2015)

La tarde del 12 de enero de 2010, un terremoto de magnitud 7,3 en la escala de Richter sacudió durante más de un minuto Haití. El epicentro se encontraba apenas a 15 kilómetros de Puerto Príncipe, la capital. Era el temblor más fuerte desde el registrado en 1946. Cinco años después, El corazón de Haití del fotógrafo Alberto Pla muestra cómo los haitianos siguen trabajando para ser los dueños del desarrollo de su país.

POR MÓNICA SOLANAS | FOTOGRAFÍAS DE AITOR FERNÁNDEZ Y ALBERTO PLA

Alberto Pla (Valencia, 1985) viajó a Haití y durante nueve semanas convivió y trabajó en cuatro de las comunidades más devastadas de Haití: Onaville, Gariche Prince, La Digue y Cabaret. «Con El corazón de Haití (http://www.albertopla.com/el-corazon-de-haiti/) quiero mostrar también que la historia de este país es muy cruda desde su inicio, cuando los africanos fueron obligados a cruzar el Atlántico. Ha sufrido catástrofes naturales, crisis políticas, económicas. Hay que ayudarles a organizarse para que salgan adelante por ellos mismos». Tras el terremoto, 10.000 ONG se instalaron en el terreno. Cinco años después se han reducido a la mitad. «Lo fácil es ir en el momento álgido, pero es ahora cuando hace más falta», señala Pla. Lleva trabajando con TECHO desde el año 2013. Además, los medios tradicionales no les han hecho mucho caso: «Ha salido en un par de periódicos a través de agencias, y solo nos llamó uno». Y en octubre, cuando nos encontramos con ocasión de la inauguración en Barcelona, la atención estaba puesta en la epidemia de Ébola; «Hemos intentado llamarles pero ahora mismo el Ébola copa la información de este tipo». En el peligro para Europa con el traslado de contagiados, no en la pandemia en África.

«50 kilómetros se convierten en tres horas de trayecto, un tráfico infernal y accidentes cada día»

Uno de los problemas más graves de Haití es que el Gobierno es incapaz de canalizar la ayuda. Las ONG aportan sus fondos y los aplican a los objetivos que se han marcado, pero sin repartir esfuerzos. «Puede haber varias ONG trabajando en el mismo objetivo mientras otros quedan desatendidos. Y el Gobierno no está gestionando la diversificación del trabajo». Alberto Pla explica que podemos conocer a estas organizaciones, ver el trabajo que están realizando y confiar en ellas «porque no podemos hacer otra cosa: buscar ONG que más o menos sean dignas. Porque hay de todo».

Además, las organizaciones no se fían de un gobierno «compuesto por cinco o seis familias que controlan todo el cotarro: energía, carreteras, infraestructuras…». El país crece solamente para los ricos, que controlan las fuentes de grandes ingresos: asfalto, placas solares, lotería, etcétera. «Hay zonas a las que llegan los botellines de agua de emergencia, las envían organizaciones en República Dominicana; las mafias las cogen y las venden a un dólar». Haití es un país muy complicado, nos dice. «Es necesario ir a grandes foros, presionar, cambiar leyes. Yo prefiero el trabajo de base, pero ese nivel también es importante.»

Alberto Pla ya había colaborado con otras ONG en Rajeev Nagar —La India—, Mozambique y Eslovaquia; también en España. Quería viajar a Latinoamérica. «Contacté con TECHO porque es la ONG que más voluntarios mueve». TECHO, organización con presencia en Latinoamérica y El Caribe, busca superar la situación de pobreza que viven miles de personas en los asentamientos precarios, a través de la acción conjunta de sus pobladores y jóvenes voluntarios. Le dijeron que sí, aunque no donde él quería. «En aquel momento empezaban a desarrollar diferentes programas en Haití y necesitaban darles visibilidad». Tras más de dos meses, el proyecto ha ido creciendo y Pla volvió con una muestra fotográfica de 24 imágenes y un documental que se estrenará este mes de enero (ahora ya está en el canal de youtube de TECHO; al final del post encontráis el link). «Lo vamos a liberar directamente en la Red. Estaba saliendo buen material y vimos que el proyecto podía tener envergadura». Cumplieron los objetivos que se marcaron —«hacían falta voluntarios y fondos»—, llegando a ese otro público aquí en España, estudiantes y personas normales que vieran las fotos.

12 enero 2023 El corazón de Haití Alberto Pla DateCuenta Mónica Solanas Gracia

Algunas imágenes que forman parte de «El corazón de Haití». Fotos cedidas por Alberto Pla

En el trabajo de Alberto Pla llaman la atención la alegría y el colorido. La exposición —que ha viajado por Valencia, Madrid, Barcelona, París o Londres— se ubica siempre en espacios de libre entrada. «No quiero que estas fotos estén en una galería porque yo no vendo arte. Es divulgación, tiene que estar en lugares accesibles. Y la gente se para, algunos más y otros menos, pero ven Haití», explica Alberto mientras termina de montar con Oscar Rivero la muestra en la estación de Francia de Barcelona. Alberto y Oscar trabajan juntos en la productora Media LAIT. «Él hace toda la posproducción y me ayuda a montar las exposiciones». El equipo con el que trabaja Pla «es excelente, pero no dejan de ser amigos y conocidos que colaboran voluntariamente». Como Fran Sabater, que les cedió los triplos, un sistema de cartón que permite componer espacios. Han ido sobre la marcha desde el principio. «A lo mejor llega un momento en el que nos conocen más. Ahora tenemos muy pocos recursos, casi ninguno, y nos organizamos como podemos.»

«En la exposición ponemos mapas para situar a la gente que viene a verla». Cada uno de los módulos refleja un aspecto diferente —infancia, escuela, educación—, que se hilvanan para dar sentido global. Uno de los paneles muestra a los voluntarios de TECHO: gente muy joven, de entre 22 y 32 años. Es el homenaje que les rinde Albert Pla. «Me empeñé en hacerlo. Cobran lo justo para vivir, comer y pagarse la cervecita el fin de semana. Y están ahí porque creen en un mundo mejor y trabajan para ello». Las condiciones son muy duras, «no hay transporte, no hay agua potable, deben seguir unos protocolos de seguridad que son sencillos, pero tampoco es agradable no poder salir a determinadas horas de la noche o vivir encerrado». La mitad de los voluntarios de TECHO van desde El Salvador, Argentina, Costa Rica o Guatemala. Ocupan los puestos que necesitan una formación mínima: manejar un Excel, establecer la logística de un desarrollo o un plan de comunicación. La otra mitad son haitianos. «Están formándoles para empoderarles. Y la utopía cada vez lo es menos: ganan seguridad y aprenden a construir ellos mismos su país.»

12 enero 2023 El corazón de Haití Alberto Pla DateCuenta Mónica Solanas Gracia

«Quería mostrar la cara positiva, la motivadora, porque la tiene. Es uno de los trabajos más bonitos de mi vida», Alberto Pla nos explica anécdotas de su convivencia con las comunidades haitianas. Barcelona, 8 de octubre de 2014 | Foto: Aitor Fernández

Las prioridades en Haití son muy diferentes. «Un niño se da un golpe en la cabeza y la madre sigue a lo suyo: lo importante es que hay que comer». Pero lo dan todo, esa es la lección que se trae Alberto Pla. «La gente más pobre es la que menos tiene que esconder, la que más te abre sus puertas. Te ofrecen lo que necesites, aunque no tengan prácticamente nada». Por eso se ha empeñado en mostrar la cara positiva. Una de las fotografías es la de un niño vendiendo bolsas de agua en el mercado de Petionville, en Puerto Príncipe, «y mírale, está contento.»

«Si buscas Haití en google todo son imágenes de miseria, y sin embargo jamás pierden la sonrisa». Haití no es la que muestran los medios de comunicación. No está reconstruida, pero no quedan escombros por limpiar. El problema es que siguen utilizando los materiales igual que antes del terremoto de 2010. «Uno de los arquitectos de TECHO explicaba que la masa necesita un determinado porcentaje de cemento. Pero hacen la mezcla con menos cemento para tener más material». Y eso perjudica la calidad. Por eso el terremoto de Haití tuvo un efecto devastador.

«TECHO también está para enseñarles cómo deben hacerlo y por qué debe ser así». También les ayudan en aspectos tan primordiales como señalizar las calles, o poner una plaza pública donde haya luz.

El 76% de la población apenas gana 2,5 dólares al día. «Les llega para comer dos o tres personas y nada más. Y a pesar de la pobreza, viven con una dignidad impresionante». Otra imagen muestra una escena dentro de una de las tiendas de emergencia con las que los haitianos construyen sus viviendas, simples chabolas. «La niña estaba haciendo los deberes, fíjate con qué orden». A pesar de que el asentamiento es sucio procuran ir siempre muy limpios. «Entrevistamos a su padre para el documental, el representante de esta comunidad. Ella cogió una jofaina con un poco de agua, jabón, se lavó como pudo, se peinó y se arregló.»

12 enero 2023 El corazón de Haití Alberto Pla DateCuenta Mónica Solanas Gracia

La propuesta expositiva de Alberto Pla a su paso por la estación de Francia. Barcelona, octubre de 2014 | Foto: Alberto Pla

En los paneles de la exposición acompaña a las fotografías un texto que presenta El corazón de Haití a quienes se acercan a mirar las imágenes. Es una brevísima explicación que puede ayudar al público a situar al país en un contexto histórico, unos breves trazos que nos dan ligeras ideas de un recorrido de cientos de años, de cómo han llegado al presente, de cuáles son sus raíces culturales y de los motivos de algunas de sus tradiciones:

«No deberían estar ahí, pero están. Miles de africanos fueron obligados a cruzar el océano Atlántico en el siglo XVI para realizar trabajos forzados a merced de las tropas españolas, y posteriormente de las francesas: en Haití ya no quedaban apenas nativos para el Nuevo Mundo colonial que se fraguaba. Desde que Colón llegó a La Española en 1492 prácticamente habían desaparecido, exterminados en menos de 50 años debido a la sobreexplotación y la intensa servidumbre a la que fueron sometidos. Desde entonces Haití ha estado castigado por multitud de acontecimientos sociopolíticos y desastres naturales que han lastrado su futuro (aun siendo el primer país en abolir la esclavitud en 1804); y a día de hoy, gran parte de la población haitiana sigue dependiendo de organizaciones no gubernamentales para sobrevivir. Fueron la fuerza, unidad y constancia de su sociedad las que les llevaron a la libertad como pueblo durante la Revolución que tuvo lugar a finales del siglo XVIII, todavía son estos mismos valores los que palpitan entre los haitianos que trabajan por una vida más digna en todos los estratos de su comunidad.»

«La presión psicológica de los voluntarios es fuerte, necesitan volver a casa»

El vudú y el fútbol son dos elementos muy importantes en la vida de los haitianos. «Trajeron la práctica del vudú desde África». Una de las fotografías recoge un momento de una de esas ceremonias, a la que fue invitado Alberto. «Hoy lo siguen practicando aunque no lo digan. Beben klerec —un licor fortísimo—, fuman y entran en éxtasis. Tiene su parte psicológica y cultural muy potente. Es como una rave, muy salvaje». Hay más imágenes, también en el interior de una escuela en Cabaret, una de las comunidades de desplazados más grandes de Haití. No hay un solo niño triste. «Los lazos que se establecen son muy fuertes. Me costó mucho volver». No es tanto el sitio como la conexión. «Son muy épicos. Trabajan todos a una: hasta los niños colaboran por hacer un mundo mejor. Contagian su entusiasmo. Y eso tenía que contarlo.»

A Alberto Pla le encontráis en Twitter, @_albertopla, y en su web. Podéis ver el documental «El corazón de Haití» aquí. Y si os interesa, tenéis más información de este trabajo yendo directamente aquí.

Un pensamiento en “El corazón de Haití: un recuerdo desde la mirada optimista de Alberto Pla

  1. Recuerdo que en el cole recogimos dinero para la universidad de una chica de Haití y luego vino a vernos.
    El dinero lo recaudamos montando un festival donde los críos representaron, con ayuda de las profes de educación física y música, un terremoto y el resurgimiento haciendo torres uno encima de otro. Fue muy chulo.
    Seguro que sonríen siempre, los que no lo hacemos somos nosotros, los que consumimos y tiramos. O sea, los que vivimos por y para nuestro ego. Lamentable.

    (Recibido por email)

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