Memoria/Memoria Histórica

El género maldito

El genocidio franquista sigue siendo el episodio silenciado de nuestra historia. Sin embargo, se sigue trabajando para destapar esa verdad callada, para construir Memoria. Es necesario repensar la sociedad. Mantenerla indiferente, irresponsable, sin querer saber, mirando hacia otro lado, justificando con el repetido “por algo habrá sido”. O apostar por la que busca dar voz a quienes intentan hablar y no son escuchados, personas que crean espacios en los que narrar el relato de los sucesos. Y hacer que documentales como Desde el otro lado del charco deje de pertenecer al género maldito.

En septiembre de 1979, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitó Argentina tras las múltiples denuncias por violación de esos derechos básicos tras el golpe de Estado que se hizo con el poder tres años antes. Tres meses después, el 14 de diciembre de 1979, Rafael Videla daba una rueda de prensa en La Casa Rosada. El periodista José Ignacio López preguntó al golpista por los desaparecidos. «Frente al desaparecido», respondía Videla, «en tanto esté como tal, es una incógnita. Si el hombre apareciera tendrá un tratamiento equis, y si la aparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento, tiene un tratamiento zeta. Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está. Ni muerto ni vivo, está desaparecido.»

 

Argentina: el camino de construcción de Memoria

Pablo Giménez, director, guionista y productor del documental, desde Argentina | Fotografía: Aitor Fernández

Pablo Giménez, director, guionista y productor del documental, desde Argentina | Fotografía: Aitor Fernández

Hoy, Argentina vive la herencia del proceso que inició en 1983 Raúl Alfonsín al frente del nuevo gobierno democrático: la investigación de los delitos de lesa humanidad cometidos durante la Dictadura. «Dos años después teníamos a toda la Junta Militar sentada en el banquillo», explica Pablo Giménez, bonaerense doctorado en Sociología que ha combinado su militancia con el trabajo de investigación en temas de participación política, ciudadanía, derechos humanos, migraciones, transnacionalismo y relaciones internacionales. «Los culpables en el banquillo y sus víctimas declarando, explicando las atrocidades que el Régimen había cometido con ellas.»

El Juicio a las Juntas, iniciado en 1985, demostró a través de su sentencia que en Argentina hubo terrorismo de Estado. El mundo entero conoció la verdad. «Hoy nadie, ni la derecha neoliberal, se atreve a cuestionar semejante atrocidad». Argentina continuó la reconstrucción de su Memoria desde la legalidad: en los años 70 ya existía una fuerte actividad de militancia por parte de diferentes asociaciones de derechos humanos, que denunciaban la actividad represiva del Régimen tanto dentro como fuera del país.

El proceso tuvo retrocesos: las leyes de Obediencia Debida y Punto Final permitieron a Carlos Ménem indultar a oficiales de bajo rango y a guerrilleros. «Esto generó una equiparación en relación a los delitos. Indultaban a militares y a responsables de la lucha armada: líderes de Montoneros, del Ejército Revolucionario del Pueblo…», explica Pablo. En 2001, el juez Gabriel Caballo declaró ambas leyes inconstitucionales. En 2003, con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, el Congreso declaró la nulidad de ambas leyes y se reabrieron las causas por violaciones de derechos humanos. No fue hasta 2005 que la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucionales ambas leyes.

Desde el otro lado del charco nos llega el ejemplo de un camino de reconstrucción de Memoria Histórica. Hoy, «la Escuela de Mecánica de la Armada, uno de los principales lugares de detención, se ha convertido en un espacio habitado por las organizaciones de derechos humanos. Uno puede ir a visitarlo, ver dónde tenían a las personas detenidas, recorrer el camino que hacían esas personas», relata Pablo. «Algo similar a lo que hizo Alemania con sus campos de concentración. Tienen que permanecer para contar la historia.»

 

España: Justicia Universal desde el otro lado del charco

Carlos Suárez, director, guionista y productor del documental, a este lado del charco | Fotografía: Aitor Fernández

Carlos Suárez, director, guionista y productor del documental, a este lado del charco | Fotografía: Aitor Fernández

Una parte del proceso argentino fue instruido en España, en virtud del Principio de Justicia Universal. Hoy es Argentina quien ampara a las víctimas españolas. El 14 de abril de 2010 se interponía una querella ante los tribunales de justicia de la República Argentina, con el objetivo de investigar los crímenes cometidos por la dictadura franquista, identificar a sus responsables y sancionarlos penalmente. La querella fue presentada por familiares de asesinados y desaparecidos, también por diferentes asociaciones españolas y argentinas. «La experiencia del proceso argentino puede servir a los españoles que están inmersos en la querella», apunta Carlos Suárez, asturiano que ha desarrollado sus estudios y su actividad laboral en el mundo de la comunicación.

Pablo y Carlos, cada uno desde su lado del charco, vieron en esta querella el punto de partida para llevar a cabo el proyecto del que hablaban hacía tiempo. Desde el otro lado del charco es un documental que pone en paralelo los procesos de reconstrucción de Memoria española y argentina. Y lo hace a través del relato de las víctimas, de actores sociales y políticos, de militantes de distintas asociaciones y ONG, de representantes de organismos internacionales.

«Con este documental queremos ir más allá de lo que pasó a las víctimas», añade Carlos. Buscar los porqués. Mostrar soluciones a través del ejemplo argentino. «Uno de los principales problemas de España es la corrupción». Y los crímenes del Franquismo son parte de esa corrupción. «Muchas personas saben que se cometieron, pero los tildan de episodios del pasado. Otros descartan incluso que se habrá una investigación. Si no somos capaces de juzgar un genocidio, ¿cómo nos va a importar que los bancos nos roben cada día?»

Carlos tiene claro que los problemas deben empezar a solucionarse desde el pasado. «En Argentina el proceso sigue vivo, aunque es muy diferente del caso español. Allí no vivieron 40 años de dictadura». Agentes políticos e institucionales del actual panorama argentino fueron víctimas durante los años de la Dictadura. «El reconocimiento de estos organismos ha hecho que hoy estén insertos en los procesos políticos de toma de decisiones en lo que se refiere a Derechos Humanos», aclara Pablo. Por ejemplo: Juan Martín Fresneda, actual Secretario de Derechos Humanos de la Nación, es hijo de un detenido desaparecido. Otro caso: el diputado Remo Carlotto, presidente de la Comisión de DDHH en el Parlamento, es hijo de una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo. No son pasivos.

 

La sociedad: un cambio necesario

Juan Diego Botto participa en el documental | Fotografía: Carlos Suárez

Juan Diego Botto participa en el documental | Fotografía: Carlos Suárez

Esto reafirma a Carlos en la necesidad de mostrar en el documental «lo que debe cambiar en la sociedad para que se involucre. Que la sociedad vea que las cosas pueden cambiar». En Argentina hubo dictadura, secuestros, asesinatos, torturas, desapariciones. Tenían leyes de amnistía como las que tenemos hoy en España. Los criminales fascistas se sabían impunes de las atrocidades que habían cometido. Pero se produjo el cambio. Y se inició el proceso de restitución de la Memoria de las víctimas.

Pablo afirma rotundo que la reconstrucción de la Memoria Histórica «no tiene que ver solamente con las víctimas, es una responsabilidad de la sociedad en general y nosotros somos parte activa». En Argentina existen muchas organizaciones de Derechos Humanos. Algunas, ya desde la dictadura, «respondían a la necesidad de encontrar a los seres queridos desaparecidos», explica Pablo. No tenían el cariz tan político que tienen hoy día. Al evolucionar y politizarse logran tener una respuesta en la sociedad: «cuando se hacen eco de qué fue la tortura, el miedo de la desaparición». La transición democrática conllevó miedos. «Reclamaban sin saber qué respuesta obtendrían. Incluso podían estar sacrificando sus propias vidas por querer saber». El proceso de reconstrucción de la Memoria, de la búsqueda de la Verdad, la Justicia y la Reparación no fue fácil.

En España, una de las palabras que más se repite es crisis. Durante el cambio del último milenio, Argentina también vivió una crisis. Devastadora. Los índices de pobreza alcanzaban el 60% en algunas regiones. La desnutrición rozaba el 40%. «No es equiparable a lo que hoy vivís en España», aclara Pablo. La situación extrema fue uno de los motores del cambio en la reconstrucción del relato de la Memoria. Lo que hoy vivimos en España lo vivieron en Argentina en los 90. Al igual que se hizo allí entonces, «la respuesta que se está dando en el marco neoliberal europeo es la que marca el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial». Y como allí entonces, estas respuestas no implican ningún cambio.

 

Un nuevo espacio en el género maldito

Logo documentalDesde el otro lado del charco explica toda esa historia argentina. También el proceso que sigue la querella española abierta allí. Y pregunta a sus protagonistas sobre la posibilidad de cerrar ese proceso en España. «La mayoría nos dicen que eso sería lo democráticamente sano, aunque de momento no tienen ninguna esperanza», puntualiza Carlos. Para él, este nuevo reto es un hilo conductor de Vencidxs, proyecto del que también forma parte.

«Es un trabajo de continuación», explica. «Cuando pensamos en víctimas del franquismo imaginamos personas muy mayores. Pero hay víctimas mucho más jóvenes». El Estado se encargó de bautizarse Dictablanda, de inocular en las mentes que el Franquismo no era malo, que España despegaba económicamente. «Y en la década de los 60 y los 70 se torturaba a ciudadanos, se secuestraba a niños, se cometían verdaderas atrocidades.»

Son las víctimas olvidadas del Franquismo, y también buscan justicia. «Son personas que pertenecían a grupos políticos. Y hablar en España de militancia política, de armas, de violencia, es muy delicado». El relato de sus testimonios es vago, «no llegan a explicarte qué hacían exactamente». Tal vez, cree Carlos, tienen miedo a ser incomprendidos por la sociedad.

El mensaje institucional es el que aviva ese miedo. En Argentina, los responsables del genocidio les decían que los desaparecidos estarían en Europa, viviendo tranquilamente. Aquí, 40 años de dictadura dificulta mucho romper la institucionalización de la mentira. «Todos somos responsables», dice Pablo, «el que lo hizo, pero también el que miró hacia otro lado, el que dice que no se enteró, el que alguna vez lo justificó diciendo por algo habrá sido». Nuestra responsabilidad reside en repensar qué sociedad queremos. «Pensarnos a nosotros sobre cómo nos sentimos. Cómo ese pasado nos dice quiénes somos», señala Pablo.

 

Pedagogía para la Verdad, la Justicia y la Reparación

Desde el otro lado del charco contribuye «a construir Memoria Histórica; refuerza la idea de identidad, de quiénes somos. Y apuesta porque se sepa la verdad y que las víctimas, en algún momento, encuentren reparación». Lamentable, que no sorpresivo, el Partido Popular no contribuye a la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación. «No sé si tiene que ver con que su propia historia está estrechamente ligada al franquismo, a la continuidad ideológica, incluso continuismo emocional», opina Pablo. Lo cierto es que no hay compromiso político para ayudar a esclarecer la verdad.

El trabajo pedagógico es absolutamente necesario para que la historia no se repita. «La pelea se gana cuando introduces el relato del proceso histórico en el sistema educativo con normalidad». Empezando con los más jóvenes, desde las aulas. Aunque para Pablo «la cuestión no es el relato: es quién lo cuente». Esa narración debe hacerla el Estado «a través de las organizaciones educativas.»

Tanto Carlos como Pablo creen en los pequeños pasos. Por eso se han embarcado en este nuevo documental sobre Memoria Histórica. «Si le sirve a una sola persona, ya hemos cumplido nuestro objetivo», dice Carlos. Es su manera de romper el revisionismo histórico. «Tenemos una responsabilidad pedagógica. Y quienes arrancamos proyectos de este tipo lo hacemos porque queremos». Y porque nadie más lo hace. Y porque el olvido es un sinsentido.

«Queremos dar voz a una verdad callada. Crear un nuevo espacio para el relato de los sucesos». Muchas víctimas creyeron que ese espacio llegaría de la mano de la Ley de Memoria Historia del Partido Socialista. Pero el PSOE volvió a defraudar. Volvió a engañar. «Dejaron la responsabilidad a las familias de buscar a sus muertos, a través de subvenciones absolutamente escasas. No dieron un paso al frente para investigar», apunta Carlos. Se limitaron a seguir tirando tierra.

 

Víctimas: visibilidad para el reconocimiento

Desde el otro lado del charco cerrará con las conclusiones de Pablo de Greiff, relator especial de Naciones Unidas sobre Justicia Transicional. Viajó a España y recogió el testimonio de todas las víctimas. Presentará su informe en noviembre de este mismo año. Durante su encuentro con Carlos, de Greiff afirmó que España tiene la obligación, como otros países, de juzgar o extraditar. «Poder juzgar a los criminales franquistas que siguen vivos es un tema clave», señala Carlos. Muchos ya han muerto, aunque no como sus víctimas.

«Nada será suficiente para ellas», dice Carlos. Se han dado pasos. Se está recorriendo el camino que lleve al reconocimiento de los crímenes. Algunos de los culpables han sido señalados, «han aparecido en las portadas de los periódicos, se han sentado en un banquillo frente a un juez y han escuchado el testimonio de sus víctimas.»

Las víctimas. Todas piden reconocimiento, «que se esclarezca la Verdad para que pueda haber Justicia que lleve a la Reparación.»

Aunque seamos pocos, no por eso somos invisibles

4 pensamientos en “El género maldito

  1. Perfecto. Un artículo legible y didáctico. Cada día aprendo contigo, compañera, pero es que además hoy me he dado un atracón de MoniConTomate.

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  2. Hola Moni, coincido con esta publicación pero me permito comentarte dos aspectos que no fueron tocados o bien lo fueron de forma muy superficial.

    El primero es que la justicia argentina tuvo una grave falencia a la hora de juzgar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad de la última dictadura. Me refiero a los cómplices civiles de los militares. Complicidad que se dio en forma directa cuando, por ejemplo, los empresarios señalaban a sus obreros díscolos y/o delegados sindicales para que los militares procedieran a su ilegal detención y consecuencias posteriores como así también los cómplices indirectos que fueron aquellos que ocuparon cargos en el gobierno y, sin ser responsables de ninguna muerte, conocían la situación y no hicieron nada para revertirla, ni siquiera fueron capaces de renunciar seguramente debido a que ese puesto les permitía mejorar sus negocios personales. El haber sido funcionario de primera línea de la dictadura (presidente del BCRA) no fue impedimento para que Domingo Felipe Cavallo ocupara los principales escritorios durante la posterior democracia (diputado (cargo electivo), canciller y ministro de economía en dos ocasiones). La mayoría de los civiles condenados fueron aquellos relacionados con el robo y sustracción de identidad de menores hijos de detenidos-desaparecidos y algunos miembros de los servicios de inteligencia. Demás está decir que tampoco fueron juzgados los civiles que promovieron el golpe militar (Sociedad Rural Argentina y los “Capitanes de la Industria”). La jerarquía eclesiástica católica merece un capítulo aparte.

    El segundo es que los españoles no deberían crearse grandes expectativas sobre la participación de la justicia argentina en la investigación del franquismo. María Servini de Cubría siempre se caracterizó por ser una jueza aliada al poder político de turno y el poder actualmente de turno tiene una posición ideológica que está en las antípodas de la del partido popular, esa es su única motivación, no es Baltasar Garzón investigando a Pinochet o condenando a Adolfo Scilingo a 640 años de prisión.

    Confío en que no tomés este comentario como una crítica a tu post, mi intención fue hacer una contribución.

    Un beso!

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    • Al contrario, Gus, ¡te agradezco muchísimo tus comentarios! Esto solo tiene sentido si hay contribuciones, porque eso ayuda a dar mayor calidad de información.
      Como ves, este post es inusualmente largo. Fue más de una hora de charla con Carlos y con Pablo, y algunas cosas se han quedado en el tintero, obviamente. Que seguro dan lugar a otras entradas. Una de ellas hará referencia al primer aspecto que me comentas: los civiles culpables y su papel en todo este proceso. En España también hay muchísimos civiles culpables, empresas del sector privado que cometieron atrocidades. Pero en este post la idea era centrarme en el documental que Carlos y Pablo están realizando y contextualizar la historia que se contará en la cinta. Te aseguro que este es un aspecto que tengo en la cabeza desde hace años, así que más tarde o más temprano acabaré desmenuzándolo. Y en ese sentido, gracias por la información que aportas.
      En cuanto al segundo aspecto, estoy segura que las víctimas no tienen esperanza más allá de su voz. Son muchos años de maltrato, de desprecio, de ser invisibilizadas.
      A veces me planteo temas pero los acabo dejando reposar un tiempo porque creo que no es el momento de hablar de ellos. Algunos, porque están en un proceso y prefiero que ese proceso termine. Otros porque, a pesar de saber que hay aspectos negativos, los positivos son mucho mayores y sirven de referente. Pero soy paciente y espero. Todo tiene su momento.
      De nuevo, gracias sinceras por tus comentarios. Los espero siempre.
      ¡Un beso de vuelta!

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