Sentidos

Periodistas que son los ojos de todas las guerras

…en la guerra quien más importa es el que está vivo, y lo que menos interesa es esa vida en medio de un infierno lleno de ese morbo que esta sociedad busca sin cesar…

Omar Havana

Los afganos son una sociedad de guerreros. Pero es que hay que mirar al pasado de esta sociedad. Y esta sociedad lleva sin ser dueña de su destino siglos. Guerra, tras guerra, tras guerra, tras guerra. Y es normal que uno, si intuye que su país está en peligro, que su sociedad está en peligro, que la forma que tiene de entender la vida está en peligro, es normal que eduque a sus hijos para la guerra. Es instintivo.

David Beriain y Sergio Caro. Imagen extraida de su web www.enpiedeguerra.tv

David Beriain y Sergio Caro. Imagen extraida de su web http://www.enpiedeguerra.tv

Los afganos. Un pueblo que nos queda muy lejano. Realmente, la mayoría no conocemos prácticamente nada de ellos. Apenas unas fugaces imágenes de guerra. Solo de guerra. Esa guerra que, como explica David Beriain en el documental de Roberto Lozano Bruna Los ojos de la guerra, se sucede a otra y a otra y a otra durante siglos. Beriain es periodista. Ha viajado siguiendo estas y otras guerras en lugares que para nosotros son lejanos, muy lejanos. Para él no lo son. Ha convivido con los habitantes de esos lugares. Convivido, hasta donde le han dejado. Al fin y al cabo es un infiel, un extranjero. Y convive con ellos porque quiere contar a todos los que estamos lejos aquello que está pasando allí. Porque es importante. Porque debemos saberlo. Aunque nos quede lejano. Al fin y al cabo es periodista, y esa es su labor: contarnos.

Pero no, no es esa su labor. Va mucho más allá. Hay muchos “contadores”, personas que se denominan periodistas y que se dedican a poner en tela de juicio el trabajo que periodistas de verdad han hecho. Esos primeros, para mí, no son periodistas. Son burdos aduladores de privilegiados, de poderosos. Son cobardes sumisos al poder, a la publicidad que mantiene a un medio de comunicación, a la empresa que paga por un espacio pero también paga para callar bocas, tapar oídos, cerrar ojos. No es cierto que un periodista deba doblegarse a los mandatos de su jefe, he conocido a muchos periodistas que no lo hacen y siguen trabajando. Algunos no tan cómodamente, pero siguen trabajando. Y lo más importante, siguen siendo íntegros como profesionales y como personas.

Periodismo no es contar. Periodismo no es sentarse en un plató de televisión, o en un estudio de radio, para parlotear de la noticia del momento. Periodismo no es hacer un corta y pega de las notas de prensa que se emiten y difunden desde diferentes administraciones, corporaciones, organismos y demás. Periodismo no es poner un micro delante de una víctima. Periodismo no es emitir esas mal llamadas ruedas de prensa en las que no pueden hacerse preguntas. Periodismo no es noticiar “Estoy aquí con mi cámara” sino hacerlo sobre los que estaban antes, sobre los que seguirán después. Periodismo no es construir artículos en los que solo puede leerse una lista de insultos o alabanzas. Periodismo no es escribir al dictado de álguienes. No podemos dejarnos llevar por filias o fobias. Porque eso tampoco es periodismo. Y quien hace todo eso, en rigor, no puede autodenominarse periodista.

Periodismo es lo que hace David Beriain cuando viaja con su equipo a Afganistán y se instala allí durante meses: hacernos sentir la experiencia. No me malinterpretéis, por favor. No estoy diciendo que hay que ser corresponsal de guerra para ser periodista. Estoy hablando de metodología, de profesionalidad, de rigurosidad, de convicción, de actitud, de respeto por uno mismo y por los otros. Periodista es quien va a una guerra lejana y también el que se queda en la guerra de su ciudad. Periodista es quien sabe que trabaja con un material muy sensible: las personas y sus vidas. Periodista es quien no olvida que uno de los objetivos principales de su trabajo es la vigilancia y la denuncia. Periodista es aquel que sabe mantener su independencia y ejercer la crítica del poder gobernante, también del que está por encima y enfrente del gobernante, claro. Periodista es el que sabe hacerse invisible para convertirse en la voz de quienes no la tienen. Periodista es aquel que llega a comprender emocionalmente al otro. Lo que se llama empatía. Y eso requiere ser buena persona. Y por ahí se puede empezar a hacer una clasificación de los buenos y los malos periodistas. Hay que sufrir el dolor de las víctimas. El impacto del dolor de las víctimas. Si no lo sufres no vas a poder transmitir con decencia. Nunca.

Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. La cita se le atribuye a George Orwell; otros defienden que es del periodista Horacio Verbitsky y dan una versión más completa al respecto: «Su función [la del periodismo] es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Echar sal en la herida y poner piedras en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa». O como dijo Enrique Meneses, «joder la digestión a todos aquellos a quienes en estos momentos las televisiones les quieren evitar ver unas imágenes que son molestas […] para mostrar la muerte como es». Él hablaba de la muerte en una guerra. Pero hay muchos tipos de guerras. Y muchas maneras de morir, de estar muerto. Y la tarea de los periodistas en todas esas guerras, sean del tipo que sean, es la misma: contrariar, incomodar. Joder.

Y en todas esas guerras, sean de la clase que sean, hay una primera víctima. Y no, no os voy a decir que es la verdad. La primera víctima, como dice Vicent Montagud, es la justicia; «Las mentiras se fabrican después, cuando las injusticias ya se han cometido y alguien tiene que empezar a dar explicaciones». Y es ahí donde tiene que estar el buen periodista, haciendo de intermediario entre el dolor y el olvido. Y dando herramientas a la ciudadanía para que sepan distinguir lo que importa y no quedarse solo con lo que impacta. La información, ya lo he apuntado anteriormente, es un producto demasiado frágil para ser tratado como mera mercancía. Merece respeto y tiempo, sobre todo. Porque el buen periodista trabaja, también, para que las cosas cambien, para tratar de mejorar la vida de las víctimas, restituyéndoles algo intangible pero brutalmente importante y necesario: su dignidad.

Un último apunte: el documental que he mencionado al principio, Los ojos de la guerra, también tiene su versión literaria. Se publicó en 2001 y recoge los relatos de 70 corresponsales que atendieron la petición de Manuel Leguineche y Gervasio Sánchez para rendir su personal homenaje a Miguel Gil, que perdió la vida junto al estadounidense Kurt Schork en una emboscada en Sierra Leona el día 24 de mayo del 2000. Gil era también de esos periodistas que sabían que los héroes no son los corresponsales, «los héroes son los que se quedan, la población civil vapuleada». La reportera de la CNN Christiane Amanpour, en su colaboración para el homenaje a Gil, deja escrito en este libro: «Cuando la gente buena no hace nada los malos triunfan. Creo que los periodistas podemos ayudar a hacer del mundo un lugar mejor. Tengo la certeza de que Miguel creía en esto y por eso dio tanto a la profesión que amaba»

Miguel Gil Moreno, corresponsal de guerra. El 24 de mayo de 2000, mientras desarrollaba su labor profesional, una emboscada guerrillera en Sierra Leona acabó con su vida.

Miguel Gil Moreno, corresponsal de guerra. El 24 de mayo de 2000, mientras desarrollaba su labor profesional, una emboscada guerrillera en Sierra Leona acabó con su vida.

Por Miguel Gil. Y por Julio A. Parrado. Y Julio Fuentes. Y Christián Poveda. Y Ricardo Ortega. Y por José Couso. Y por todos los ojos que han apagado guerras de tantas clases: la mentira; la ocultación; la censura, los intereses económicos y políticos; el sometimiento a reglas de crueles juegos; el diktat de grandes medios y agencias de información; la espectacularización y masificación de las noticias; el sensacionalismo; la frialdad; la falta de tiempo por la exigencia de la inmediatez; los sesgos informativos de las administraciones; los estragos de la competencia; las guerras virtuales; el caos que provoca el exceso de información; la manipulación de la historia, de la propaganda, del compromiso y de la objetividad.

Habrá que cambiar las reglas del juego.

6 pensamientos en “Periodistas que son los ojos de todas las guerras

  1. Juas juas. Escribes sobre periodismo y ves al ex-director del Marca y te da la risa. Creo que ahora dirige para la tele de El Mundo, si no lo han echado ya. Es que Inda es mucho Inda. Le han dicho en directo que sabe de fútbol lo que yo de astrofísica cuántica. Buen artículo; hay periodismo y periodismo y periodistas y periodistas, pero cada vez es más difícil separarlos. Abrazos, tomatera.

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  2. Lo tengo como pie en mis foros solo que le he añadido la palabra (foto) lo dice un gran escritor y cronista de su tiempo, un contador de historias de realismo mágico
    “La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al (foto)periodismo como el zumbido al moscardón”
    Gabriel García Márquez
    Gracias Moni por tomar partido del lado ético e integro de la profesión, y por traernos los nombres de los que también tomaron el camino de la verdad …

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